26 de Septiembre de 2018

Opinión

Cien y más

Estamos en el centenario del nacimiento de Octavio Paz y Efraín Huerta, y el bicentenario del nacimiento de Justo Sierra O´Reilly.

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Este año ha sido de conmemoraciones, algunas muy especiales y personalmente sentidas. 

En el corazón llevamos la doble celebración del centenario de Octavio Paz y Efraín Huerta, amigos de toda la vida desde sus inicios en la revista Taller, tan cercanos y a la vez diferentes: Paz, la máquina intelectual sobrepuesta al arrebato; Huerta, el lirismo de la mejor factura, poeta algo maldito, autor de esos pequeños artefactos verbales, los poemínimos -que Paz consideraba chistes- con los que expresaba su crítica radical y su desencanto, pero también de un poema cumbre de las letras hispanoamericanas: Los hombres del Alba.

Salvador Novo y Alfonso Reyes, dos gigantes de la literatura mexicana, el primero polémico y el segundo consagrado en una obra monumental que deberíamos visitar más seguido, cumplen 110 años, al igual que el chileno universal Pablo Neruda. 

Estamos en el bicentenario del nacimiento de Justo Sierra O´Reilly, sin que se le recuerde en la dimensión que tiene para nuestra historia. Actor principal en los aciagos acontecimientos del estado de guerra civil que vivió la Península en la primera mitad del siglo XIX. La complejidad del personaje ameritaría una verdadera recreación histórica para vencer el olvido, especialmente por parte del mundo académico. Muchos lugares comunes y tics ideológicos siguen nublando nuestra memoria de aquellos días, incluyendo el papel que Don Justo tuvo como autor del decreto que permitió el tráfico de indígenas mayas a Cuba, pero también como padre del Código Civil promulgado por Juárez y padre, también, de la novela histórica en México.

En tiempos en los que la memoria histórica se alienta para sanar heridas abiertas y hacer justicia, se cumplen 150 años del nacimiento de Miguel de Unamuno, fallecido en los albores de la guerra civil bajo el arresto domiciliario que le impuso la falange, a la que Unamuno apoyó inicialmente, arrepintiéndose muy pronto devastado por la masacre. Condenó pública y lapidariamente a los golpistas en la Universidad de Salamanca, cuando al grito de “¡Muera la Inteligencia! ¡Viva la muerte!” con que lo increparon los militares franquistas, pronunció las célebres palabras: “Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis, porque para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho”.

También se cumplen 100 años de la publicación de Platero y yo, del Nobel  Juan Ramón Jiménez, junto con El Quijote las dos obras más leídas de la lengua española y, sumando la Biblia, los tres libros de la literatura universal más traducidos a diferentes idiomas en todo el mundo.

Como corolario, hoy mismo, 26 de agosto, se cumplen cien años del nacimiento de Julio Cortázar y el próximo 5 de septiembre de Nicanor Parra, lúcido y vivo en su retiro de Las Cruces. De estos dos cronopios y algunas famas con las que se cruzaron hablaremos pronto.

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