18 de Enero de 2018

Opinión

Cita con Rama

Tomar un libro ajeno trae consigo una suerte apenas conocida, pues en las líneas y hojas que tenemos por delante se presenta un mundo de posibilidades.

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He de admitir que cuando leí el título de la novela que nos ocupa, pensé necesariamente en las imágenes momentáneas que mi antecedente personal ha construido. ¿Rama? Para quienes leemos desde este lado del mundo, en esta punta de tierra, una rama es el tallo de un arbusto; implica sequedad y un crujir en su semblante. Quizá en otras mentes habitantes de otros espacios “rama” nombre algo distinto, como sucede en la novela.

Tomar un libro ajeno trae consigo una suerte apenas conocida, pues en las líneas y hojas que tenemos por delante se presenta un mundo de posibilidades; un viaje dentro del texto. Promesas de sabernos en otro espacio. En este sentido, grande es la sorpresa al comenzar la lectura y toparnos con el primer apartado que dicta: “I. Vigilancia espacial”. Vamos a viajar, seguramente en naves y entre planetas.

Cita con Rama (1973) es una novela del escritor y científico Arthur C. Clarke, quien, a través de mundos posibles, narra el descubrimiento de lo que pareciera ser un asteroide digno de ser visitado en el año 2130. De entrada, la dificultad está presente entre descripciones científicas que distan de llevar el lenguaje al que estamos acostumbrados o que conocemos. Sin embargo, esto deja de ser un impedimento y se convierte en un puente. Quién diría que la ciencia ficción puede ser poetizada, que podemos sentirla aun cuando las palabras técnicas son ajenas a nosotros. Clarke nos acerca mediante un sentido humano perfectamente descrito en los personajes. Desde el capitán de la expedición, quien tiene una esposa en la Tierra y otra en Marte, hasta el héroe de las hazañas, quien padece de una inseguridad emocional combinada con destellos de brillantez científica e inventiva.

El agradecimiento, en esta lectura, está en salirnos de lo cotidiano por unas horas; visitar otros mundos y tratar de resolver conflictos que sobrepasan nuestra imaginación: encuentros inciertos. Pensar en el futuro implica pasar por todos los escenarios mentales posibles, un miedo a lo desconocido resulta un móvil para actuar, para ser, para sabernos cambiantes y efímeros. 

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