17 de Noviembre de 2018

Opinión

La ciudad, el automóvil y su futuro

Primero es indispensable predefinir si queremos una ciudad para el automóvil o una ciudad para el transporte público y sus habitantes.

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Una pregunta obligada cuando pretendemos modernizar un espacio urbano es predefinir si queremos una ciudad para el automóvil o una ciudad para el transporte público y sus habitantes.

Sin dudarlo, el modelo al que todas las ciudades debieran desear acceder es el que tiene como eje rector al ciudadano y su transporte público, en una ciudad con una estructura urbana ordenada y lógica, que minimice los impactos ambientales, que cuente con un amplio y accesible equipamiento de espacios públicos, que asegure la convivencia y la interacción social, que permita el desarrollo de estilos de vida acordes con la esencia humana y, sobre todo, que permita a todos alcanzar la salud y la felicidad.

En este contexto es importante tener como premisa el hecho de que las ciudades nunca deben tener al automóvil como su principal demandante de equipamiento y privilegios; las ciudades que “pertenecen” al automóvil particular son discontinuas y ocupan grandes extensiones, con amplios espacios vacíos en su interior, con bajas densidades de población y con tipologías de vivienda casi uniforme en cada uno de sus desarrollos o fraccionamientos, con una pésima conectividad, todo esto en un esquema de alto consumo de tierra, modificando las condiciones naturales del terreno y con altas tasas de consumo de energía, lo que conlleva una elevada producción de emisiones de gases inductores del efecto invernadero y del cambio climático. 

Estas ciudades puestas en manos del automóvil manifiestan un bajo aprovechamiento de sus espacios públicos, cuando existen, y cuentan con una baja interacción o convivencia entre vecinos, más preocupados por su individualismo; todo esto hace que el ciudadano no desarrolle una apropiación del espacio público, cuidándolo y manteniéndolo limpio; así favorece a las grandes empresas comerciales accesibles en auto y afecta hasta su desaparición al pequeño comercio.

Las ciudades estructuradas en torno al transporte público son menos tensionantes y presentan importantes mezclas de uso del suelo compatibles con la vivienda, amén de su excelente conectividad y sus bajos niveles de emisiones contaminantes; el transporte público es en sí mismo un medio de convivencia e interacción de la comunidad.

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