21 de Octubre de 2018

Opinión

Ciudadanos desplazan a la Profeco

La iniciativa de un grupo de ciudadanos para evaluar a las gasolineras de la capital del estado ha cobrado fuerza...

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La iniciativa de un grupo de ciudadanos para evaluar a las gasolineras de la capital del estado ha cobrado fuerza, y el grupo fundado en Facebook con el nombre de “Ciudadanos vs Gasolineras” cuenta con 2 mil 976 seguidores en la popular red social. El objetivo, asegura Eduardo Vázquez, uno de los fundadores de la página, es lograr que las estaciones de servicio vendan litros de a litro, y nada más.
    
Esto empezó como un ejercicio sencillo en el que algunos ciudadanos armados con un bidón de 20 litros y un teléfono celular con cámara decidieron evidenciar en las redes sociales el robo de combustible por parte de las gasolineras, acción que se viralizó y que terminó por recibir un gran respaldo de los chetumaleños.

Los administradores del grupo aseguran que la evaluación de las gasolineras será constante para ir obligando a los empresarios a ser más honestos, pues es claro que los automovilistas premiarán la honestidad de los que vendan litros completos.

Hasta el momento se ha sometido a esta prueba a 17 gasolineras de esta capital donde según la última actualización solo una gasolinera entregó la cantidad completa de gasolina, mientras que en las restantes las variaciones van de los 650 a los 2 mil 600 mililitros.

Con esta medida que ya se extendió a la ciudad de Cancún donde surgió un grupo similar tras enterarse de lo que ocurría en Chetumal, los ciudadanos están logrando paso a paso lo que la Profeco no ha podido hacer en años.

Los gerentes de las gasolineras deben frenar el latrocinio tiro por viaje, ya que el precio del combustible es demasiado elevado y ha surgido en el horizonte la amenaza de la zona libre de Belice que puede ponerlos de nuevo en aprietos, ya que el chetumaleño sabe que es asaltado en este tipo de operaciones inevitables.

Los otros comerciantes de Chetumal

El destacado empresario chetumaleño, Eusebio Azueta Villanueva, en una plática informal meses atrás comentó que en su larga experiencia como comerciante ha notado un patrón recurrente en cada crisis económica que ha golpeado esta capital; en cada una de esas etapas negras, la gente tiende a refugiarse en la venta de comida y de alcohol, muchas veces al margen de la ley.

Esa observación casi profética del conocido “Don Chebo” se cumplió al pie de la letra, ya que según datos vertidos por el municipio capitalino en los últimos dos años se ha triplicado el número de vendedores ambulantes en Chetumal.

La cifra no es descabellada, pues los vendedores ambulantes se cuentan por cientos en las calles de la capital del estado. Basta con visitar los alrededores de escuelas, parques y dependencias para darse cuenta de la magnitud de la invasión de este ejército de comerciantes callejeros.

Muchos han recurrido al comercio en las calles obligados por las circunstancias, por la pérdida de sus empleos o, en el caso de los prestadores de servicios independientes, por la caída en sus ingresos como consecuencia de la crisis económica que golpea al sur desde hace dos años.

El problema es que un alto porcentaje de estos vendedores ambulantes opera sin ningún tipo de regulación y vigilancia sanitaria, lo que pone en riesgo a aquellos ciudadanos que consumen los productos alimenticios sin la certeza de que son preparados higiénicamente.

Para colmo, uno de los sectores poblacionales que más consumen del ambulantaje son los niños y adolescentes, los cuales se encuentran expuestos a posibles enfermedades, sobre todo en este tiempo de calor.

Tanto la coordinación de Salud del Ayuntamiento capitalino, como la propia Secretaría de Salud estatal, se han mostrado incapaces de meter orden entre los ambulantes, superados en número por los comerciantes informales que se multiplican cada día.

Por la propia informalidad de su giro comercial, la mayor parte de los ambulantes tampoco pagan impuestos, afectando directamente las finanzas estatales y a todos los trabajadores cautivos que cargan con el muertito.

Prohibir el ambulantaje sería un acto suicida para cualquier gobierno porque a final de cuentas es una actividad económica de la que dependen miles de familias, pero es urgente la regulación legal de esta actividad para protección de los consumidores y de los propios vendedores itinerantes.                

La queja de una madre chetumaleña

“Es lamentable ver que tan bajo está el nivel de salud en nuestra entidad. Desgraciadamente para muchos que somos empleados tenemos que acudir al ISSSTE para la atención de nuestros hijos. Se supone que cada uno de los empleados paga su cuota quincenalmente para llegar a un lugar que puede estar de lo mejor, según ellos remodelado por fuera. Pero el personal está pésimo. No generalizo, porque hay gente que en verdad ama su oficio, pero la escasez de médicos que tienen a gente esperando desde las 10 de la mañana en mal estado, personas de la tercera edad, niños, bebés.

 Hasta las cuatro de la tarde que llega otro médico porque solo está uno de servicio y no se da abasto. Es todo un martirio ir a urgencias para la consulta. Hoy me tocó a mí y a muchos que estábamos en espera. Solo porque mi hijo estaba a punto de convulsionar es que lo pasaron, estaba temblando con fuerte temperatura y yo preguntando varias veces para que saliera tan siquiera un enfermero para que lo cheque y le de algo para la temperatura. 

Solo porque de plano ya no me aguanté y al ver a mi hijo mal les dije que si le pasaba algo era su responsabilidad, porque si fui fue porque mi hijo estaba mal. Y por ello salieron a atenderlo, pero eso fue después de cuatro horas que llegue con él. Es una desagradable experiencia para cada persona que asiste por necesidad, y que no nos hacen un favor porque pagamos una cuota. Y aparte de todo eso tenemos que aguantar las malas caras y la negligencia que existe en dicho lugar”.

Este es el testimonio que una madre trabajadora chetumaleña nos compartió en Facebook, dominada por la impotencia y ante todo muy preocupada por el estado de salud de su retoño.

El personal que trabaja en instituciones de salud debe ser sensibilizado, ya que por la rutina burocrática dejan de reaccionar ante las emergencias, a menos que el paciente forme parte de su círculo de amistades.

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