16 de Octubre de 2018

Opinión

Código roto

La mayoría de la prensa y los noticieros de radio y televisión de Quintana Roo aún no se ha dado cuenta que en su afán por vender un poco más...

Compartir en Facebook Código rotoCompartir en Twiiter Código roto

La mayoría de la prensa y los noticieros de radio y televisión de Quintana Roo aún no se ha dado cuenta que en su afán por vender un poco más de diarios o lograr un magro rating, por publicar o transmitir hechos que violan preceptos legales, están cometiendo un delito y de paso, rompiendo códigos éticos del periodismo que fingen no conocer, o en el peor  de los casos, de los que ignoran  su existencia.

En las escuelas y facultades de periodismo y comunicación, antaño se enseñaba el género de nota informativa con la técnica de la pirámide invertida, lo que significa que el periodista debía, además de contestar seis preguntas básicas -quién, cómo, dónde, cuándo, cómo y por qué-, estructurar su información de lo más importante a lo menos trascendente. A manera de rigor periodístico, debía responder con exactitud a las preguntas. Sin embargo, el desarrollo de narrativas innovadoras, como el “nuevo periodismo”, la violencia cada vez más creciente de la delincuencia organizada, y fenómenos como las guerras, pusieron en entredicho la técnica: ¿revelar con pulcra exactitud el “quién” era absolutamente indispensable en la información?  

A la crisis de la “pirámide invertida” se sumó una creciente necesidad de las empresas de medios más serias y estructuradas, por crear y preservar códigos éticos en los que principios como la búsqueda de la verdad, sin mordaza, y la regulación del actuar de los periodistas, conformaron los primeros lineamientos para normar el ser y el deber ser de medios y periodistas. 

Fue así que se comenzó a renunciar a la publicación de fotografías con contenido explícitamente violento; a la divulgación de imágenes de presuntos culpables, así como de víctimas, en especial de menores de edad y mujeres; a la publicación de información de secuestros en curso; y a la revelación de nombres de presumibles delincuentes.

Pero para desgracia del periodismo, y de esas empresas éticas, una minoría de medios, acostumbrados al escándalo y a la venta de la nota de corte amarillista, no evolucionaron en su comportamiento y por el contrario, lograron con sus contenidos una percepción casi generalizada de los consumidores de información de que los medios carecían de ética y moral. A eso se sumó el comportamiento de sus periodistas que aceptan dádivas de empresarios y funcionarios, como resultado de que sus compañías los tienen en condiciones irregulares de trabajo, sin seguridad social, y con salarios ínfimos. La corrupción permea el medio.

Una defensa a ultranza de los valores éticos y el compromiso en la búsqueda de la verdad, en donde quiera que ésta se encuentre, son antídotos necesarios para combatir la corrupción imperante en los medios de información y comunicación. Y el nuevo sistema de justicia penal acusatorio, en materia de información de seguridad, pondrá el acento en los medios antiéticos, pues veremos que divulgar nombres de presuntos delincuentes, o sus fotografías, son actos constitutivos de delito. ¿Podrán asegurar su supervivencia? 

LO MÁS LEÍDO

LO MÁS COMENTADO

NOTAS RELACIONADAS

Comentarios

Responder a  Name   
Comentarios
Responder a  Name   
Responder a  Name   
DE:(TUS DATOS)
Nombre
E-mail
ENVIAR A:(DESTINATARIO)
Nombre
E-mail
Comentarios