20 de Febrero de 2018

Opinión

Reflexiones de temporada

Estamos perdiendo la capacidad de sentir, de disfrutar convivir con la madre naturaleza... hemos perdido el respeto por el espacio natural que habitamos.

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Hoy, al paso de los años de acudir cada temporada a la playa, me pongo a reflexionar sobre cuánto disfrutamos este ecosistema y también cuánto nos brinda como servicio ambiental y muchos de nosotros no le somos agradecidos.

Es penoso ver cómo muchas personas llegan con grandes hieleras, maletas, juegos de playa y se instalan en un punto de la densa arena, ponen sus cosas y comienzan a disfrutar; al paso de las horas, de las inmensas hieleras han salido decenas de botellas de vidrio y plástico, bolsas de frituras, empaques de galletas, entre otras golosinas.

Al terminar su jornada playera se deciden a regresar a su lugar de origen y recogen todo, menos los residuos sólidos que han generado. Al caer la noche, los niños que habitan en la temporada veraniega las casas ubicadas en la línea de costa frente al mar salen a buscar cangrejos y se topan con este triste panorama, que en algunas ocasiones les ha causado algún daño.

Si usted es de las personas que gustan de sentarse por la noche frente al mar a sentir la brisa, disfrutar de esa calma del ambiente y ver las constelaciones que adornan la bóveda celeste, seguramente su estado de ánimo se relaja y entra en una especie de trance emocional.

Estos momentos son propicios para reflexionar y recordar la magnificencia de la madre naturaleza y recapacitar sobre el daño que le estamos ocasionando a nuestro único planeta para vivir.

Estamos perdiendo la capacidad de sentir, de disfrutar convivir con la madre naturaleza, en un sentido real hemos perdido el respeto por el espacio natural que habitamos. En esta temporada, muchos propietarios de embarcaciones de recreo acostumbran realizar jornadas de pesca deportiva y lamentablemente también tiran todos sus residuos al mar sin importar que los peces puedan llegar a morir por consumir esos objetos.

Es momento de retomar las costumbres de antaño, cuando se promovía la siembra de arbolitos, la limpieza de nuestros espacios naturales, el respeto a los animales sin importar su género o especie; eso son valores reales que lamentablemente se están perdiendo.

Qué triste será escuchar que un niño pregunte: ¿Mamá… qué era un pájaro? Creo que si llega ese momento, ya no tendremos a quién preguntarle.

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