23 de Febrero de 2018

Opinión

Ciudad verde

Hoy parece estar 'de moda' ser verde, e implementar conceptos y políticas relacionadas con el medio ambiente y la sustentabilidad.

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Quienes vivimos en Mérida, la Ciudad Blanca, ¿estaríamos dispuestos a cambiar esa denominación por la de Ciudad Verde?
Muchos hemos pensado siempre que ese mote proviene ya sea de la proverbial limpieza de sus calles y sitios públicos, lo cual puede considerarse hoy un mito; o también de la costumbre de pintar las fachadas de las casas y albarradas con cal. 

Sin embargo, existe una teoría no muy conocida, del historiador Michel Antochiw Kolpa, quien sostenía que, desde la fundación de Mérida en 1542, los conquistadores Montejo, padre, hijo y sobrino, así como sus acompañantes, quisieron a lo largo del primer siglo que siguió a la conquista, por razones de seguridad y fundado temor ante la pertinaz rebeldía de los mayas, hacer de Mérida una ciudad blanca, es decir, sólo para los blancos, lo que explica su diseño original con puertas de acceso, más allá de las cuales podían encontrarse los “barrios de indios”, y que más tarde serían desbordados por el crecimiento demográfico.

Hoy parece estar “de moda” ser verde, e implementar conceptos y políticas relacionadas con el medio ambiente y la sustentabilidad. Pero, ¿es realmente el momento adecuado para adoptar medidas, políticas públicas, normas y procedimientos que conviertan a Mérida en una Ciudad Verde? ¿Debemos hacerlo? ¿Queremos hacerlo? ¿Contamos con los elementos que son necesarios para adoptarlo como un objetivo viable?

Para alcanzar un estándar internacional de Ciudad Verde, la sostenibilidad tendría que ser la fuerza motriz que le permita lograr el establecimiento y permanencia de negocios prósperos, generar un importante crecimiento del conocimiento científico y tecnológico y alcanzar niveles de educación jamás antes obtenidos entre la población. Beneficios que, junto con muchos otros, se propagarán rápida y ampliamente hacia todas las áreas de la sociedad.

Por lo tanto, si nos proponemos desarrollar a Mérida y su zona conurbada bajo este precepto, tenemos que hacerlo de manera integral, amplia y exhaustiva; y concentrarnos en alcanzar mayores niveles de eficiencia energética, tener servicios de transporte que ofrezcan movilidad urbana eficiente, con accesibilidad universal y que sean viables a largo plazo, lograr un desarrollo económico basado en objetivos medibles, proteger al medio ambiente, construir nuevas y mejores áreas recreativas, preservando las existentes, así como proteger, ampliar y sanear los espacios naturales. Todos estos temas son componentes importantes y necesarios en una Ciudad Verde.

Todo lo anterior requiere el compromiso de los interesados; los políticos, junto con la comunidad científica, profesional y empresarial, tienen que trabajar de la mano para alcanzar un verdadero desarrollo urbano sostenible. Este esfuerzo tiene que ser impulsado hacia adelante por los habitantes de la ciudad, cuyo compromiso y participación constituyen la base indiscutible y el elemento clave que aporta viabilidad al proyecto de construcción de una comunidad sostenible.

¿Deseamos convertir a Mérida en la ciudad insignia, y dispuesta a representar el papel de modelo exitoso de gestión sostenible en México y Latinoamérica? Yo sí, ¿y tú?

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