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Por Jéssica Saidén Quiroz*

Vivimos rodeados de interpretaciones todo el tiempo. Por ejemplo, un conservador considerará que una persona desempleada es un holgazán, mientras que un socialista pensará que aquél necesita ayuda y protección.

Sin estas interpretaciones no podríamos vivir en sociedad, siendo necesario que cuenten con las premisas y el sustento necesarios para hacerlas válidas a través del tiempo. Lo decía el autor William James: “el principal trabajo de la memoria es olvidar”.

Después de un proceso electoral distinto, la democracia mexicana sumó a un nuevo y hegemónico poder fáctico (al menos temporal); mientras que la “burbuja” de las candidaturas independientes se reventó (al menos parcialmente).

La gente tomó una decisión en las urnas y esto debe respetarse, independientemente de la ideología que profeses. Por un voto o por veinte millones, tenemos que sumarnos al interés supremo de la política: el bien común.

En Yucatán y a nivel federal, estamos en una etapa transicional, con nuevas administraciones y diferentes visiones estatistas. Los colores (rojo, azul, verde o amarillo) están de más cuando intentamos ir juntos hacia un desarrollo sustentado por los resultados.

Merecer más es aprovechar esta coyuntura marcada por la ambivalencia de opiniones y posturas, el dinamismo de un gobierno joven pero inteligente, que tendrá ante sí la oportunidad de capitalizar el potencial de los yucatecos de bien.

Un llamado desde el Ejecutivo a sumar, no a dividir; las campañas electorales ya terminaron y lo que sigue es construir por un mejor Yucatán.

El servidor público tiene que poseer convicciones propias y tener la capacidad suficiente para discriminar entre aquello que está idealizado en los panegíricos inerte y aquello vivido por las familias de los municipios y comisarías, “sentir en carne propia” las carencias o necesidades de la ciudadanía.

Me considero una ciudadana disciplinada, pero que tiene que ser responsable en el dogma personal; levantar la voz de manera imparcial pero directa, y jamás permitiré que la política sea invadida por individuos pusilánimes o cobardes.

Honrar la historia es ser congruente con tus propios fundamentos, con lo que eres, con lo que deseas ser. La transformación tiene que ir acompañada de la honestidad, y el pacto debe ser primero hacia el interior y después buscar la confianza de los mexicanos y mexicanas.

Las decisiones más importantes de la vida deben ser juzgadas a través del tiempo, ese intangible que avanza sin detenerse.

Al elegir un camino nos debe ser permitido mirar atrás y sentirnos orgullosos de lo que hemos hecho, los errores pueden existir, pero la conciencia de hacer las cosas bien, prevalece sobre cualquier prejuicio.

La función pública es el instrumento más importante para el desarrollo de todo un Estado.
Me siento feliz de pertenecer a una generación de jóvenes capaces de encauzar la visión de un país y un Yucatán libre de pensamiento, no sujeto a una matriz dominada por las cúpulas, incapaces de, como dicen sus principios “tener un destino dirigido por sus ciudadanos”.

También nos sentimos orgullosos de estar representados en la máxima responsabilidad pública, por un gobernador electo en Mauricio Vila, yucateco promotor de los valores de la familia tradicional, de ese arraigo con el cual crecimos, de esa esperanza que deseamos mantener, el respaldo a su gobierno debe ser un compromiso de todos.

*Maestra en Derecho y Doctorante por la Anáhuac Mayab

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