11 de Diciembre de 2018

Opinión

Crédito artístico

Para que los artistas contratados por el Gobierno cobren su trabajo, tiene que esperar unos 90 días; en ese lapso 'viven del aire'...

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¿Usted sabía, amable lector, que los artistas, promotores y gestores culturales otorgan crédito al gobierno?

Hoy quisiera abordar una temática poco conocida por el público, ya que para los consumidores de cultura son desconocidos los procesos de producción y creación artística en el marco de los festivales del Estado y de la localidad, específicamente en cuanto a financiamiento.

Aunque usted no lo crea, todos los espectáculos gratuitos, presentaciones y actividades artísticas de la cartelera cultural que vemos semana tras semana, si bien son apoyados y patrocinados por las instituciones convocantes, son sufragados de antemano con el dinero de los artistas, ya que el gobierno tiene por práctica pagarlos en un plazo de 90 días posteriores a la realización del evento, aunque puede alargarse, ya que comienza a contar a partir del trámite burocrático correspondiente.

Eso significa que los artistas, cual si fuesen bancos, tienen que darle crédito a las instituciones gubernamentales, que por lo general funcionan así, pidiendo el préstamo económico y de servicios profesionales  a los que menos tienen la capacidad de darlo, pues sabemos que el arte a duras penas constituye un modus vivendi. Esto en menoscabo del bolsillo del promotor cultural, pero también en detrimento de la calidad artística de los espectáculos que presenciamos, ya que si uno solicita, digamos, 10 pesos para hacer una obra de teatro y el proyecto es aprobado, sólo tiene dos opciones: producir la obra con los 5 pesos que tiene de presupuesto en lo que llega el dinero o pedir prestado para poder ofrecer algo digno y acorde con lo prometido. Con lo cual pierde el artista que se endeuda y pierde el público que muchas veces se inconforma con lo presenciado, ignorante de las limitaciones con la que un proyecto cultural sale avante.

Sedeculta (Gobierno del Estado) y Dirección de Cultura (Ayuntamiento) argumentan que Conaculta (Gobierno Federal) no deposita oportunamente el presupuesto etiquetado para dichas actividades, con lo cual el círculo vicioso puede rastrearse hasta las altas esferas.

Algunos podrían simplificar las cosas diciendo que, dadas las condiciones, los artistas no tendrían por qué colaborar con el gobierno, sin embargo no podemos soslayar el hecho de que el dinero proviene de nuestros impuestos y que si no es ejercido puede perderse mientras es jineteado.

¿No sería más fácil que estas prácticas cambiaran y que al menos se diera un adelanto del 50 %? Todo esto viene a cuento porque espectáculos realizados en enero durante el Mérida Fest del Ayuntamiento de Mérida hasta la fecha no han sido pagados, sin duda amparados en el amplio historial crediticio que tiene con el Banco de la Alegría Artística, cuyo lema es “Felices los felices que tienen con qué…”

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