19 de Septiembre de 2018

Opinión

Tuta del patio

Con el pretexto de la falta de resultados de los gobiernos, se pone en entredicho la eficiencia de las instituciones que hemos construido.

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Si la transición de un régimen autoritario hacia la democracia, como en la Revolución Francesa, suele estar acompañada de una corriente para desacralizar y acabar con la solemnidad con que se trata a las autoridades, hasta denigrarlas, así el mismo procedimiento vale para deponer gobiernos y sistemas democráticos a favor de regímenes dictatoriales, como amenaza hoy con suceder en el Brasil de Dilma y pasó antes con el Chile de Pinochet.

Con el pretexto de la falta de resultados de los gobiernos democráticos, para acabar de una vez por todas con todas las deficiencias y lacras de la sociedad, como la pobreza y el desempleo, se pone en entredicho la eficiencia de las instituciones que hemos construido para regir nuestra vida pública, como el gobierno, el Poder Legislativo, los partidos políticos y el sistema electoral, sin ofrecer otra cosa más que la regresión hacia una dictadura unipersonal u oligárquica, sin los contrapesos, obvio, de la democracia representativa.

Y es que la irrupción de las redes virtuales y la experiencia de la alternancia han contribuido de manera importante, tanto para colar información sesgada, falsa y pretensiosa, con el objetivo de desprestigiar a los protagonistas de nuestra vida pública,  como para darle certificado de veracidad al dogma de que “todos los gobiernos son iguales” de corruptos, independientemente del partido del que provengan.

Lo que alimenta la visión maniquea de que todo lo malo proviene del presidente de la República y lo bueno de los que se le oponen, o lo critican, así sea para sacar provecho individual o de grupo, como la señora Aristegui y las empresas de comunicación.

Así, se impone a la sociedad una visión caótica que, exacerbada en tiempos electorales, difícilmente contribuye a que la determinación de nuestro voto sea producto del razonamiento e incluso puede orillarnos a elegir opciones abiertamente contrarias a la democracia, como AMLO que prometió imponer la Constitución de 1917.

Es cuando cobran relevancia actitudes como la de Patricia Gamboa Wong, ex coordinadora parlamentaria del PAN, que no acepta la imposición de los candidatos de su partido, sobre todo cuando ponen en riesgo la estabilidad de una localidad o una región.

Renunció a ser plurinominal de su partido, denunciando anomalías del Comité Directivo Estatal en las elecciones internas para imponer a Natalia Mis Mex, alcaldesa de Tinum, hija de Evelio Mis Tun, como segura diputada plurinominal, y a su padre como candidato por segunda vez a la presidencia de ese municipio.

Mis Tun ha encabezado últimamente bloqueos a la entrada de Chichén Itzá cobrando 10 pesos por cada turista, y hace 3 años, como presidente, se la pasó hostigando a los comerciantes, restauranteros y hoteleros de esa comunidad para exigirles “derecho de piso”, usando la policía municipal para amedrentarlos. No en balde es el único municipio yucateco que no ha firmado su conformidad con el mando único policiaco.

Es, Martiniano dixit, un Tuta del patio y Natalia, una hija de Tuta. Hay que impedir su entronización.

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