25 de Septiembre de 2018

Opinión

Lecciones de un incidente

El aumento de turismo tiene un costo que pone en peligro al patrimonio. Falta conciencia sobre el valor que representa para algunos visitantes.

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En el inicio de año todos los deseos son de benevolencia, pero abruptamente se rompe esa cubierta invisible de buena suerte cuando suceden hechos infrecuentes.

Ocurre que en la primera semana de enero un visitante que manifestó ser estudiante de antropología de la UNAM intentó entrar a Uxmal con una bebida alcohólica, no le pareció la indicación de no hacerlo y así lo manifestó y reclamó; su actitud parecía denotar que no solamente traía alcohol en el cuerpo.

El tamaño del Templo del Adivino que tenía enfrente lo dominó más que su bebida  y prefirió tirarla a la basura e iniciar su visita. Pero se quedó con el coraje y lo primero que hizo al entrar fue brincar los delimitadores que impiden el acceso a los edificios y subir al Templo.

El personal de vigilancia le indicó al individuo que su proceder era indebido, pero el sujeto puso oídos sordos. Cuando bajó, el personal lo esperaba al pie del edificio para reconvenirlo, pero al sujeto le empiezan a salir de la boca una cantidad infinita de ofensas e insultos.

Los guardianes quedaron asombrados por la actitud de aquel corpulento y bravucón visitante que les recordaba hasta la comida predilecta de su tatarara abuela.

Ante la actitud de este presunto estudiante fue necesario solicitar el apoyo de un cuerpo policiaco que acudiera al lugar y a la voz de ya llegaron el comandante y tres policías del municipio de Santa Elena.

No obstante que opuso resistencia al principio, el grandulón e impertinente individuo fue trasladado a la comandancia del poblado, en tanto el personal levantaba el reporte de los hechos para posteriormente ir a la población para continuar con el trámite y dar seguimiento a la diligencia.

Cuando el personal del INAH llegó con sus reportes a Santa Elena, el comandante y los policías estaban muy apenados porque, explicaron, al llegar fueron interceptados por el presidente municipal Rogelio Kahuil Moreno, quien después de hablar por teléfono con la madre del visitante ordenó que lo pusieran en libertad, sin hacer caso al comandante, quien le dijo que estaban en camino los representantes del jurídico del INAH para dar seguimiento al caso. 

¿Qué nos ha quedado de esta  experiencia?: que el aumento de turismo tiene un costo que pone en peligro al patrimonio. La autoridad local desconoce que es un órgano de coadyuvancia, como se señala claramente en la ley. Falta conciencia sobre el valor que representa el patrimonio para algunos visitantes, como éste que nos metió en apuros.

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