24 de Septiembre de 2018

Opinión

Comienza la batalla

La isla es un producto orgullosamente mexicano que ya lo quisieran en Estados Unidos, en Londres o en Australia.

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Hoy es uno de los días más importantes para la historia reciente de la televisión mexicana.

¿Por qué? Porque esta noche, en punto de las 20:30 horas, se va a estrenar la segunda temporada de La isla, el reality con un capítulo doble que está de locura de tan bueno.
¿Y? ¿Qué tiene eso de importante? ¿Qué tiene de histórico? Cuando lo vea, como yo lo hice desde hace varios días, lo entenderá.

La isla es un producto orgullosamente mexicano que ya lo quisieran en Estados Unidos, en Londres o en Australia.

Es televisión del más alto nivel y decir eso de la segunda temporada de un proyecto de nuestra cada vez más decadente televisión abierta nacional, no es cualquier cosa.

Como usted sabe, en este país, de un tiempo a la fecha, si algo funciona, lo echamos a perder.

La isla, en lugar de acabar como La academia o Parodiando, no solo sostiene lo que consiguió en el pasado, lo mejora y lo catapulta hacia lugares donde al menos yo jamás hubiera imaginado que una emisión de esa naturaleza pudiera llegar.

Ahora, no solo los juegos son adictivos, cada momento de cada participante da para que nos volvamos locos de emoción, risa, adrenalina y hasta de llanto.

¿Usted alguna vez se imaginó que le iban a dar ganas de llorar con un programa como La isla? Bueno, cuando lo mire, no lo va a poder creer y por primera vez en mucho tiempo voy a decir algo que casi nunca digo:
Amigos de otros países, mátense por comprar la segunda temporada de La isla y por verla de principio a fin. Amigos anunciantes, si no le entran, se van a perder del negocio del año.

En el remoto caso de que usted no sepa de lo que le estoy escribiendo, ¿qué es La isla?
Un reality show de supervivencia en locación, tipo Survivor, donde equis número de participantes, entre personas ajenas al medio artístico y figuras públicas, compiten en dinámicas extremas, primero en equipo y luego de manera individual, hasta llegar a un primer lugar.

¿Cuál es la diferencia entre La isla y otros proyectos similares que se han hecho en México y que se están haciendo en otros países?
El formato. La isla tiene una exquisita peculiaridad muy nuestra: la lucha de clases.

¿Qué es esto? Que la gente está dividida, como México, en una clase privilegiada que tiene todo en exceso, una clase media que pelea como estúpida por cuestiones tan insignificantes que hasta da coraje y una clase baja a la que le falta todo y que jamás podrá llegar a nada.

Ver las peleas entre ricos, pobres y clasemedieros es poco menos que delicioso, una válvula de escape.
Amo La isla, porque saca lo peor de mí, porque permite que me desahogue sin dañar a nadie.

Yo, como miles de personas que sintonizaron este programa en 2012 y que lo van a seguir a partir de esta noche, lo que quiero es ver sufrir a los participantes, que se lastimen, que les vaya mal.
¿Quién es su favorito para que se rompa una pierna? ¿Quién le gustaría que terminara sus días mendigando por un trago de agua limpia entre quemaduras de sol y picaduras de insectos? ¡Quién!

¿Pero le digo qué es lo más bonito de La isla? Que aunque lo que le acabo de decir suene tan políticamente incorrecto, es el concepto más positivo del mercado.
Cuando uno mira La isla se lleva cualquier cantidad de sorpresas. Gente que usted pensaba que era asquerosa y prepotente termina siendo la más linda y solidaria.

Y personajes que uno juraba que eran unos tipazos de primera, para nada, acaban siendo lo peor de lo peor.
¿Pero sabe qué? Se les quita y ahí es donde está la magia de este programa.

Es como un laboratorio psicológico y social, una especie de terapia donde todo se purifica y donde se promueven cosas tan importantes como la superación, la disciplina y el trabajo en equipo.
Por ética no le puedo adelantar mucho de lo que usted va a ver esta noche, pero le doy mi palabra de que se va a quedar con el ojo cuadrado.

¿Con qué? Con aspectos tan superficiales como guapas que a la hora de los trancazos y sin maquillaje son horrendas, y con cuestiones tan profundas como la producción.
Ricardo Coeto (El conquistador del fin del mundo) nos está dando una cátedra de lo que debe ser la producción de este tipo de televisión.

Se nota su experiencia, la de sus proveedores y la de su equipo. Se nota un respeto tanto hacia el formato como hacia el público. Y se nota que esto es de verdad.

¿En qué? En mil y un detalles que usted va a notar en esta nueva aventura conducida espléndidamente por Alejandro Lukini (El asesino) y que tendrá un sorprendente manejo de redes sociales.
Desde contenidos exclusivos para internet hasta producciones paralelas, juegos y quinielas. ¡Búsquelos ya!
Por lo que más quiera en la vida, luche con todas sus fuerzas por ver la segunda temporada de La isla. 
Le va a fascinar. Se lo juro. 

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