20 de Septiembre de 2018

Opinión

Cómo dañamos nuestros mares

En ocasiones se nos olvida, pero ciertos eventos nos recuerdan que estamos ensuciando la tierra, el aire y el mar...

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No es nuevo. La contaminación a los cuerpos de agua (mares, ríos, lagos) viene ocurriendo prácticamente desde que el hombre puso su huella en la Tierra. En ocasiones se nos olvida, pero ciertos eventos nos recuerdan que estamos ensuciando la tierra, el aire y el mar.

Atracados en los puertos o navegando, las armadoras, empacadoras, cooperativas, barcos y pescadores tienen un gran vertedero de sus desechos en las aguas marinas. Hay normas y autoridades para evitar estas prácticas, pero no se aplican. Lo mismo ocurre en las playas, donde los visitantes dejan montones de basura, o en ríos que son el desagüe de residuos tóxicos de industrias y fábricas. En la Península de Yucatán, se ha lanzado un programa para limpiar los emblemáticos cenotes.

A esos hechos cotidianos se suman otras contingencias mayores, como la del pasado 24 de septiembre, cuando el buque tanque “Burgos” de Pemex, con 160 mil litros de gasolina, se incendió cerca del puerto de Veracruz.

El saldo fue una grave afectación al medio ambiente marino, pues se dañaron 30 arrecifes artificiales para la conservación de al menos 35 especies marinas. Y si nos preguntamos el porqué de los arrecifes artificiales, la respuesta es simple: hemos dañado los naturales.

Las empresas petroleras son de los mayores contaminantes marinos, con sus grandes buques cargados de hidrocarburos que surcan los océanos, y con las exploraciones en mares profundos, pues implica contar con plataformas (virtuales hoteles) para alojar a los trabajadores. ¿A dónde van esos desechos? Que sepamos sólo los portaaviones tienen plantas de reciclaje a bordo.

Si bien la Marina tiene un Programa Permanente de Protección Ecológica a Estados Costeros, cuyo objetivo es “fomentar la adopción de medidas para la protección del medio marino contra la contaminación por vertimiento de desechos de material y sustancias nocivas”, advertimos poco compromiso de parte de autoridades y organismos involucrados en el tema.

En Yucatán ya hay afectaciones al Arrecife Alacranes, ¿esperamos más daño antes de tomar acciones?

Anexo "1"

El cabo 'espía'

La escena siempre se repetía al zarpar de Acapulco: un marinero se lanzaba desde popa con una llave a la cintura para soltar el “espía” desde  la boya mientras el Guardacostas “Ignacio L. Vallarta” permanecía con máquinas paradas y largando los cabos del muelle de la entonces Octava Zona Naval, en Acapulco.

Eran unos cinco o 10 minutos que demoraba el compañero braceando para alcanzar la escala de gato y subir a bordo. Quienes estábamos en la maniobra de popa le veíamos subir con el agua escurriendo del cuerpo bañado en aceite… era lo que dejaban los grandes buques de Pemex que llegaban a la Base Naval de Icacos. A pesar de que ponían un cerco de boyas color naranja en torno a las embarcaciones, el combustible (chapo, gasolina o diesel) siempre se filtraba al mar, como los desechos de los buques de la Armada surtos en la bahía o atracados al muelle. Eran los años 70, y creo que sigue así.

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