17 de Julio de 2018

Opinión

Como sepulcros blanqueados

Sepulcro blanqueado es el empresario cuyo sello distintivo es la explotación del trabajador...

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En la Biblia se recogen algunas palabras de Jesucristo dirigidas a los escribas y fariseos;   literalmente exclamó: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia!”. Jesucristo no se detuvo, sino que continuó diciéndoles que parecían justos a los ojos de los hombres,  pero en realidad estaban llenos de hipocresía, fuertes palabras del Nazareno para señalar la costumbre de muchos de nosotros de decir una cosa y hacer otra.

Los escribas y fariseos eran los que más conocían la ley y se vanagloriaban tanto de lo que sabían como de su estricta aplicación; era común considerar que el saber de la ley de alguna manera concedía un estatus especial y superior frente a los ignorantes de la ley de Dios, pero Jesucristo vino a derribar todo esto a tierra y fustigar con fuerza a quienes se creían salvos y santos sólo por saber.

Más de 2,000 años después, podemos afirmar que sus palabras se siguen cumpliendo, encontramos sepulcros blanqueados entre la clase política, aparentando ser pulcros, limpios y honestos, mientras por la espalda apuñalan al pueblo al que deben servir; viven del sufrimiento y de la explotación de millones de seres humanos; con total incongruencia manifiestan su amor al pueblo mientras se sirven de él y su supuesta vocación de servicio se vuelve sólo una oportunidad de incrementar impúdicamente sus fortunas.

Sepulcro blanqueado es el empresario cuyo sello distintivo es la explotación del trabajador, que en un afán de enriquecimiento desmedido atenta contra los derechos de hombres y mujeres que contribuyen al engrandecimiento de su empresa, con salarios de hambre, sin seguridad social, con despidos injustificados y que, con un régimen de temor ante el despido, retribuye con injusticia la labor de sus empleados, pero ante la sociedad luce la máscara de contribuyente benefactor de importantes labores filantrópicas y de beneficio social.

Sepulcros muy blancos, limpiecitos por fuera y podridos por dentro, son los maestros universitarios de escuelas católicas, que, después de esforzarse en dar testimonio de su fe y de sus creencias en las aulas, acaban siendo saludados por sus mismos alumnos en cualquier tugurio o prostíbulo un fin de semana; tan podridos como el pastor bautista extraviado que, después de acercarse a alguna mujer que no es su esposa, con la aparente intención de evangelizar a través de las alabanzas, acaba enviándole fotos desnudo y pidiéndole fotos de ella también desnuda.

No solamente somos incongruentes, sino que muchas veces fomentamos esa incongruencia y falta de integridad con el silencio, cuando, habituados a una moral adaptable a las circunstancias, nos hacemos de la vista gorda ante hechos que no deben ser permitidos, cuando consentimos una moral en la vida pública y otra muy distinta en la privada, cuando con nuestro silencio cómplice consentimos que muchos sepulcros blanqueados se levanten en nuestro país, empresa, escuela o familia, cuando cobardemente tratamos de justificar lo injustificable.

Inútil es negar nuestros fallos, todos erramos, todos tenemos un lado obscuro y contra mil defectos luchamos en esta vida, intentando muchos de nosotros ser congruentes, esforzándonos en que nuestras palabras,  actos y pensamientos estén en concordancia, pero no por ello podemos dejar de reconocer que somos seres imperfectos, que no se nos olvide que el ser humano no es perfecto, sólo es perfectible, tiende por ello a la perfección y sin embargo no la alcanzará nunca, al menos en esta vida, pero sí podrá cada día ser un poco mejor que ayer.

Es en la labor de reconocimiento de nuestras carencias en donde se debe forjar la voluntad de superarlas y no adormecernos con el opio de la resignación o la justificación barata; nada tan falso como asegurar ¡así es el mundo!, ¡así es la vida!, nada pero nada tan falso, porque este mundo y esta vida son lo que nosotros los seres humanos hemos hecho de ellos y ya es momento de hacerlo mucho mejor de lo que lo hemos estado haciendo.

Seamos congruentes y aceptemos ser de una u otra forma, pero no neguemos lo que somos, bueno o malo, frío o caliente, pero no tibio; en la misma Biblia se dice: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente!” y de Dios se escucha la condena, “puesto que eres tibio y no frío ni caliente te vomitaré de mi boca”.

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