21 de Octubre de 2018

Opinión

Comunicación responsable en salud

Podemos acceder a cualquier información del mundo globalizado gracias al internet; sin embargo, no siempre buscamos lo acontecido en el ámbito local.

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Como cada semana, me instalé frente a mi computadora y me puse a reflexionar sobre una particular situación que impactó mis sentidos de forma singular. Me sorprendió que en reciente encuesta se destacara, entre muchos aspectos, la falta de información sobre las enfermedades transmitidas por el Aedes Aegypti: zika, chikungunya y dengue, que, como los lectores saben, se ha difundido hasta la saciedad, a través de todos los medios de comunicación. La presunta falta de información fue puesta de manifiesto por jóvenes entrevistados.

El pasaje anterior me obligó a reflexionar y concluir que, a pesar de la incontable cantidad de información que se proporcione, los mecanismos o medios para llegar al grupo poblacional menos esperado son nuestra obligación y los caminos para lograrlo un gran reto impostergable. También estoy de acuerdo en que lo transmitido en cualquier formato nunca será suficiente para satisfacer las dudas del ser humano. 

Por lo tanto, la buena comunicación es fundamental para mantener una adecuada interacción social. De hecho, la mayoría de los conflictos en cualquier ámbito surgen por problemas de relación. Cada persona tiene diferentes percepciones, creencias, intereses e incluso estereotipos que van a influir en el “cómo” interpreta el mensaje “quien” lo recibe, así como las respuestas del interlocutor.

Al día de hoy, podemos acceder a cualquier información del mundo globalizado gracias al internet; sin embargo, no siempre buscamos lo acontecido en el ámbito local o en el día tras día del vecino. Luego entonces, la brecha generacional y los mecanismos de comunicación entre semejantes son cada vez más complicados. O sea, no sé qué sucede en Mérida, pero hablamos sobre el último epítope reconocido en la superficie de una membrana celular, capaz de desarrollar alguna enfermedad autoinmune…¡Válgame Dios.! Por cierto, ¿sabías que tu tío está enfermo? Sí, el que vive a tres casas de la tuya; ah, ni por error.

Hago referencia a estos abismos generacionales y sus mecanismos de  comunicación, toda vez que es importante plantear ejercicios mediante los cuales las actuales generaciones cibernéticas se sienten, conversen e intercambien ideas con las generaciones que las anteceden, y estas últimas intenten involucrarse en ese mundo tecnológico que acorta distancias para el conocimiento.

Ambos actúan como bisagra que selecciona cuál puerta es la adecuada, cerrando aquellas que contienen, como la famosa caja de Pandora, manipuladores sesgos informativos. No todo lo publicado o escuchado es dogma de fe, ni lo que ves en internet, divino. Caminemos juntos.

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