18 de Noviembre de 2018

Opinión

Con y sin carpas hay función para rato

Es claro, pues, que con el desmantelamiento de carpas en la Plaza de la Constitución no todo se perdió.

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Tres hechos alientan el optimismo: en la sola jornada de ayer, Miguel Ángel Mancera llamó a “la ¡independencia!” de la capital; Gustavo Madero dio un Gritito en Reforma y Gerardo Fernández Noroña propinó a su ex ídolo el adjetivo “sectario”.

Es claro, pues, que con el desmantelamiento de carpas en la Plaza de la Constitución no todo se perdió: el espectáculo de circo político maleta, pero entretenido, continúa.

“La Ciudad de México hoy también está unida en un trabajo franco hacia la libertad y la soberanía”, dijo Mancera en la ceremonia que presidió en el antiguo Ayuntamiento:

Y derrapó:

“Hoy quiero llamarlos a todos ustedes para que nos unamos en esta tarea de lograr la independencia de la Ciudad de México, recordando esta gesta heroica, trabajemos juntos la ciudadanía y el gobierno.”

Lo que quiso decir (diría el ex vocero de Vicente Fox) está en la frase “hacia la libertad y la soberanía” (para que el DF sea el estado 32 de la Federación). De tomarse en serio lo demás, se le acusaría de promover a medias la separación (Texas primero se independizó de México y luego se anexionó a Estados Unidos).

Horas después, los panistas celebraron haber vuelto a la oposición en el Monumento a la Independencia porque, según el dirigente Madero, “el Ángel (¿cree que los pechos de la Victoria Alada son nidos de golondrinas?) representa para nosotros un lugar en el que hemos celebrado victorias y es simbólico para los panistas (¡emblema ya del gobierno perredista de la capital!), por lo que lo queremos recuperar para, en este caso, celebrar no solo las fiestas patrias, sino enviar el mensaje de que el PAN está de regreso y unido…”.

¿Quién se lo creerá?

La puntada de oro fue del mal afamado Gerardo Fernández Noroña, previsible solidario de los desplazados del Zócalo, a quienes visitó en la explanada del Monumento a la Revolución, donde soltó:

“Hoy tenemos que correr a Peña Nieto (…). Si López Obrador tiene otra idea mejor, que la plantee, pero no puede ser otra marcha; ¿que vayamos a rodear el Congreso para que los legisladores se vayan a sesionar al salón de fiestas Mi Alegría? No. Debe de ser ya una decisión suficientemente fuerte para organizar la desobediencia civil, la rebeldía, la rebelión pacífica. Si él no encabeza esa desobediencia civil pacífica, el pueblo decidirá sus liderazgos”.

Con la reportera de MILENIO Blanca Valadez redondeó su propuesta para lograr “correr al Congreso y a Peña Nieto”.

—¿Está rompiendo con López Obrador? —se le preguntó.

—No: ha sido él quien ha estado de sectario…

Devorador de libros, el azuzador debiera saber que lo opuesto al sectarismo es lo comprensivo, lo tolerante, lo piadoso.

La jocosa función de ayer fue aderezada por la necia marchita de quienes apoyan la violación del derecho de los niños a una mejor educación y el faccioso intento de descalificar a la dirigencia perredista.

Por bochornosa que sea, la función del ridículo no cesa.

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