20 de Noviembre de 2018

Opinión

Conocer la biodiversidad

Los seres vivos están presentes desde la profundidad de los océanos y las altas montañas, hasta los cálidos trópicos y las frías regiones polares.

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Si usted ha tenido la oportunidad de visitar un zoológico o algún museo de historia natural, seguramente pudo observar en estos sitios una gran cantidad de plantas y animales; si además ha tenido la oportunidad de caminar en alguna selva o bosque, posiblemente notó que la diversidad de organismos es mayor, esto por ser un sitio natural y la mayoría de las veces conservado. 

Los seres vivos han conquistado prácticamente cada espacio del planeta; están presentes desde la profundidad de los océanos y las altas montañas hasta los cálidos trópicos y las frías regiones polares y los desiertos. Todo ello ha sido el resultado de una extraordinaria diversificación de formas, es decir, de su evolución en muchas y diversas especies. 

La biodiversidad es el resultado de miles de millones de años de evolución; se cree que los primeros organismos unicelulares aparecieron hace 3 mil 500 millones de años. Actualmente, en las aguas y tierras del planeta sobreviven millones de especies distintas, muchas de ellas se dice que no han sido descubiertas y menos aún clasificadas por los científicos.

A la fecha los estudiosos de la naturaleza han detallado a poco más de un millón de especies y cada año se integran a las listas 16 mil especies más. Aproximadamente tres cuartas partes de estos descubrimientos corresponden a insectos tales cómo hormigas, abejas, libélulas y escarabajos, que además representan la mayoría de los animales del planeta. Aunque este número ya es muy grande, los científicos calculan que podría haber entre 5 y 30 millones de especies más por descubrir. 

Existen ecosistemas enteros, como los de las profundidades de los océanos, de los cuales se conoce poco acerca de las especies que los habitan debido a las propias complicaciones para ser estudiados. Con todo esto, podemos decir que la ciencia apenas podría conocer y haber descrito entre un 6 y un 20 por ciento de la diversidad mundial de las especies que se considera que existen. Pero vale la pena aclarar que la diversidad de la naturaleza no sólo se refleja en la gran variedad de especies que habitan un país o una región, sino también en las diferencias que existen entre los individuos de una misma especie o entre los distintos ecosistemas.

Seguramente, amigo lector, ha notado que dos ceibas no son exactamente iguales entre sí, aunque su parecido sea asombroso; tampoco dos jaguares son idénticos ni dos selvas o dos valles van a ser iguales aunque sus características sean las mismas. Cómo podemos ver, la biodiversidad es muy compleja, y para su estudio los científicos la han agrupado en tres niveles: diversidad genética, de especies y de ecosistemas. Estos niveles no son independientes entre sí, sino que se integran unos dentro de otros. 

En el nivel de genes, cada individuo posee un código genético único, fruto de la evolución de millones de años, lo que origina la gran diversidad de individuos que forman la variedad de especies existentes en una región. Dichas especies forman parte de un sistema complejo en el cual interactúan con otras especies y con elementos abióticos como el suelo, el agua el aire, etc., conformándose, a su vez, diferentes ecosistemas. 

¿Se ha preguntado por qué cada individuo, a pesar de que se parezca a otro, no es del todo igual y posee características que lo hacen único? Los animales, las plantas, así como todos y cada uno de nosotros somos diferentes. Esto es una expresión de lo que se llama genética, y que también podemos apreciar en los colores y formas de los insectos, en los colores de los ojos y la piel de las personas. 

Debemos reconocer que la biodiversidad está íntimamente ligada a la genética y por tal razón nunca dejará de asombrarnos.

México, como ya habíamos platicado anteriormente, ocupa el honroso cuarto lugar en megabiodiversiad a nivel mundial, situación que además nos compromete como mexicanos a cuidar cada espacio de nuestro entorno, ya que si no asumimos nuestra responsabilidad nos quedará muy lejos la sustentabilidad ambiental y sobre todo el asegurar un mejor futuro a nuestros hijos. 

Una vez alguien me dijo: “¿Qué planeta le vamos a heredar a nuestros hijos?” Pregunta que me hizo reflexionar y externarle una de mis preocupaciones: ¿qué hijos le vamos a dejar a nuestro planeta? Eso es más que una realidad añadida al profundo amor y respeto que debemos tener por nuestra gran canica azul.

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