18 de Enero de 2018

Opinión

La Constitución: norma de vida

En ella vemos reflejadas nuestras aspiraciones sociales e individuales y nuestro más alto espíritu de la legalidad.

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En febrero de 2011, la revista Nexos y las casas de encuestas Gaussc y Lexia publicaron la primera edición del estudio “Sueños y aspiraciones de los mexicanos”, en el cual hicieron un interesante retrato de cómo nos vemos, con base en la propia expresión de quienes respondieron las encuestas acerca de una serie de temas para conocer si había una identidad más o menos generalizada en nuestra sociedad.  

Esa encuesta y sus seguimientos de 2014 y 2015 publicados por Gaussc arrojan un retrato más bien pesimista de nosotros, hecho por nosotros mismos, pero a la vez muestran el gran camino que nos queda por recorrer para llegar a ser una sociedad activa, que considere que su deber como ciudadano es respetar la ley y defenderla.

Esta reflexión viene a colación en el centenario de la promulgación de nuestra Constitución, la norma suprema, la Carta Magna que debe ser, como lo postuló Morelos, el sentimiento de nuestra nación y porque, inevitablemente, en ella vemos reflejadas nuestras aspiraciones sociales e individuales y nuestro más alto espíritu de la legalidad.

Algunos constitucionalistas creen más bien que la Constitución es una “idea” y nos refieren a países en los que ni siquiera hay una ley magna única como documento escrito como en el Reino Unido o bien a documentos tan generales como la Constitución de Estados Unidos con sus siete artículos y 22 enmiendas.

Pero lo que hoy es cierto y común para todos estos países, sea cual fuere su referencia constitucional, es que son las sociedades las que están demostrando que sólo hay una fórmula real y efectiva para contar con leyes vivas, sea cual sea su expresión: la defensa activa de su cumplimiento.

Las leyes, aun nuestra Constitución, sólo pasan a tomar vida cuando en verdad reflejan nuestra identidad y desde luego cuando se hacen cumplir por todos, o al menos cuando la idea de su cumplimiento se inocula en la sociedad o incluso se vuelve una especie de acto reflejo, más allá de las críticas al sistema, a los regímenes políticos o al gobierno.

En la encuesta de Gaussc, el 78% se consideró a sí mismo buenos ciudadanos, pero sólo un 11% expresó que su papel como ciudadanos no es pasivo o restringido a la no violación de la ley y el respeto a los demás, sino que debe involucrarse,hacer cosas por el futuro de México, ejercer y defender derechos, votar. Más allá de nuestra Constitución, es en esta transformación social donde está nuestra gran oportunidad.

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