No les conviene seguir derrochando

En Alemania, el gasto electoral no llega a 200 millones de dólares, mientras en México el gasto de las elecciones en 2015 es de 37 mil millones de pesos.

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Aunque a alguien la parezca ocioso, creo que es un buen ejercicio de masoquismo intelectual hacer algunas cuentas relacionadas con las elecciones del 7 de junio pasado, sobre todo luego de constatar en varios casos que se pueden hacer campañas austeras y exitosas, como ocurrió en Morelia, en Jalisco (con Andrés Kumamoto), no se si en Nuevo León (tengo dudas) y aquí en Yucatán, en Motul, donde nos dicen que un candidato independiente a la alcaldía, aunque no ganó, sí causó un susto a los candidatos tradicionales al haber quedado en tercer sitio mediante una campaña en la que sólo usó su palabra y un viejo carro de sonido.

Según el analista Jorge Villanueva, el gasto de las elecciones en 2015 es de 37,000 millones de pesos (22 mil en el ámbito federal y 15 mil en los estatales: incluye institutos y tribunales electorales). Para costear las campañas y la jornada del domingo 7, el presupuesto fue de $8,584.228,000, sin contar lo que cuestan 24.2 millones de spots (tiempo del Estado en 2,500 estaciones de radio y TV). Si usted divide esta cantidad entre los 83 millones 563,190 ciudadanos empadronados, el costo por voto es de 103 pesos (sin el tiempo del Estado ni el gasto de órganos electorales: institutos y tribunales), pero tomando en cuenta que no llegó ni al 50% el número de quienes votaron, el monto se duplica. En Alemania, el gasto electoral no llega a 200 millones de dólares.

Estas cifras no sólo deberían asustarnos a quienes las pagamos, sino a los propios actores políticos, porque van en alza imparable (el mismo Villanueva vaticina que en 2018 llegarían a $50,000 millones los gastos). Los partidos tradicionales deberían ser los primeros interesados en que esto no siga, porque ahí vienen pisándoles los talones, sin tanto derroche, los candidatos independientes y ya vimos que sí pueden ganar sin tanto gastar. Ojo: burócratas de la política.

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