09 de Diciembre de 2018

Opinión

Cordero y Madero

La mano del expresidente Calderón es la que acaricia al Cordero que ha resultado ser, en polítca, el senador Ernesto. Pero nada ganará Calderón en esta fábula política donde el Madero puede más...

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Aprender política partidaria desde las alturas acaba en desastre. Es el caso de Ernesto Cordero; frente al infortunio (muerte de Mouriño) o la poca afinidad (Lujambio, Josefina Vázquez Mota), Felipe Calderón resolvió impulsar a Cordero como el sucesor del calderonismo.

Le permitió hacer de la SHCP plataforma. Le hizo enfrentar a Creel, Lujambio y de mala manera a Josefina Vázquez Mota en la disputa por la candidatura presidencial.

Después le apoyó para encabezar la lista de candidatos al Senado, lo que volvió inevitable su encumbramiento como coordinador de la bancada y el primer presidente del Senado, no obstante su inexistente carrera parlamentaria y muy limitada en el PAN.

Tuvo que salir Felipe Calderón de Los Pinos para que Madero fuera realmente dirigente de su partido. En la campaña fue una figura marginal, desplazado por el grupo del Presidente, los que se hicieron de la coordinación de la campaña.

No hubo para él ni la cortesía a la que obligaba su investidura. Públicamente dijo que se retiraba de la campaña y con inteligente estoicismo esperó el tiempo para ver pasar el cadáver de su enemigo: Felipe Calderón.

Se ha dicho que en los albores de la toma de posesión de Enrique Peña como presidente, Madero buscó infructuosamente a Calderón para informarle sobre la iniciativa de signar un pacto entre la oposición con el gobierno.

Tuvo suerte de no verlo porque es seguro que quien dejaba el cargo hubiera encarecido en exceso la firma del PAN, quizás a cambio de impunidad política o legal; una vez que él y los suyos advirtieron la magnitud del acuerdo se volvieron reventadores del mismo. Calderón en lo personal ha sido cuidadoso, pero los suyos han dejado claro que el expresidente lo repudia por razones que poco tienen que ver con el PAN o el país.

Cordero ha sido quien ha articulado la oposición del calderonismo a Madero. El Pacto ha sido objeto de una persistente embestida, al igual que muchas de las iniciativas a las que ha dado lugar.

El Senador sostiene tal postura por interiorizar la visceralidad que caracteriza a Felipe Calderón y a algunos de los suyos. Una cuota de inteligencia —que la tiene— le indicaría otro camino.

Puede disputar el liderazgo a Madero, pero mucho tendría que hacer en el partido, en la opinión pública y con los gobernadores. Sin serlo destila soberbia y la disputa por la dirección nacional revelaría su marginalidad.

El polémico senador Javier Corral se ha pronunciado por la remoción de Cordero. El PAN determina que los coordinadores parlamentarios son designados por la dirección nacional y es evidente el desencuentro de Cordero con la directriz partidaria, especialmente en lo del Pacto.

Los senadores que llegaron por influencia de Felipe Calderón han cerrado filas en torno a su coordinador, lo que hace evidente de qué lado siempre ha estado el expresidente.

Es oportuno recordarle al calderonismo la grosera forma con la que Felipe Calderón como presidente instruyó a su partido para remover a Santiago Creel de la
coordinación de los senadores, después de que el Gabinete de Comunicación Estratégica revelara en encuesta que era el panista con mayor apoyo para ganar la candidatura presidencial.

La realidad es que la continuidad de Cordero en la coordinación del Senado significa la de Felipe Calderón en la política mexicana; mala noticia para el PAN y para su recuperación ética y política.

Madero se equivocó con hacer pública su intención; una decisión de tal gravedad se decide y se opera, no se anuncia. Sus razones tendría o quizás el objetivo es solamente amedrentar, error todavía más grave. Cordero no entiende a la política partidaria porque nunca la ha practicado; está rodeado de un grupo que le impide entenderla más allá de la estrecha perspectiva del calderonismo, más cargado de agravio y amargura que de compromiso con el PAN o con el país.

Si la razón política prevalece, la remoción de Cordero es un hecho.

Las presiones del calderonismo sobre el Pacto han sido atendidas y en buena parte superadas. Los comicios locales han sido el tema, no el contenido del acuerdo en sí mismo.

Ahora se ha hecho creer que la única manera de que el Pacto sobreviva es que el PAN no pierda la elección de gobernador en Baja California, como si los votos se resolvieran en un escritorio de la Ciudad de México.

Las concertacesiones son asunto del pasado, pero es la trampa a la que ha querido llevar más que al presidente Peña, al mismo Gustavo Madero.Las elecciones las resolverá el voto libre en un estado con gobernador del PAN.

Cordero y Madero, personajes centrales en la crónica de los tiempos del PAN regresado a la oposición por la fuerza de los votos.

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