17 de Octubre de 2018

Opinión

Corrupción (2)

Sabemos que para combatirla hay que analizar los casos concretos de corrupción y averiguar quiénes son los que se benefician con ella...

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Ya vimos que una de las principales dificultades para combatir de manera eficiente la corrupción es su utilización partidista que, por su perspectiva voluntarista, subordina su solución a la elección de determinado partido político, candidato o caudillo y que, por su enfoque reduccionista, la presenta como un problema exclusivo del gobierno, los políticos y el PRI. Lo que la alternancia a nivel federal, estatal y municipal se ha encargado de demostrar es que no exclusiva de un solo partido.

Sabemos que para combatirla hay que analizar los casos concretos de corrupción y averiguar quiénes son los que se benefician con ella, y que generalmente son, además de los funcionarios, determinados empresarios y corporaciones.

Hay casos de la que podemos llamar gran corrupción, que generan grandes ganancias; sin embargo, hay que precisar que de esta manera se estimula la ineficiencia productiva, cuyo costo puede incluir  vidas humanas; a corto plazo, como el del doble semirremolque o, a mediano, como la deficiente construcción de viviendas y obras de infraestructura, carreteras, puentes, presas; agroquímicos dañinos a la naturaleza y al ser humano, medicinas y tratamientos clínicos ineficaces.

También los hay cuyos efectos se manifiestan a más largo plazo, no obstante no hay que olvidar que todos y cada uno de los actos de corrupción tienen impacto negativo  en el desarrollo social y en el nivel de vida de la gente. Porque, por ejemplo, entregar licitaciones a empresas improductivas, sin capacidad para competir en el mercado, además de incrementar los costos de bienes y servicios, recursos que pudieran destinarse a otros fines, obstaculizan el desarrollo de las empresas productivas y la generación de empleos, daño que no siempre es fácil de contabilizar.

Hay otro tipo de corrupción de la que participan muchos, de la que no siempre somos conscientes, y cuyo efecto cotidiano y reiterado va disminuyendo en forma dramática no sólo la calidad de vida de la sociedad en el aspecto material, sino también su nivel espiritual o, si se quiere, moral, que al minusvalorar la capacidad de la gente le destruye la autoestima.

Y aquí me refiero a la gran cantidad de empresarios y conglomerados, hasta los que aspiran a calificar como “Great Place to Work”, que le regatean a sus trabajadores las prestaciones de ley, como Seguro Social e Infonavit, y que incumplen con la normativa referente a la duración de la jornada laboral, exigiéndoles que trabajen 10, 12 horas o más, sin pago de horas extras, todos los días de la semana. 

Sin duda, constituyen un grave obstáculo para el desarrollo social y no debemos permitirlo, porque ello no se resuelve regalándole a los empleados una ramita de muérdago, el día de Navidad, como hizo Ebenezer Scrooge, en el Cuento de Navidad de Charles Dickens.

Feliz año 2017 a todos nuestros estimados lectores.

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