22 de Agosto de 2018

Opinión

Los idóneos

La realidad es que los priistas convertidos en opositores, en general, atraen más votos que las figuras formadas en la oposición...

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Las elecciones locales del próximo domingo ilustran el estado de la política nacional, incluyendo la relación de los ciudadanos con las elecciones y especialmente el tipo de candidatos a los que los votantes premian. Esto puede ayudar a entender la postulación de ex militantes priistas por la alianza del PAN y el PRD en Veracruz y Quintana Roo, donde ésta compite con fuerza: la realidad es que los priistas convertidos en opositores, en general, atraen más votos que las figuras formadas en la oposición. Lo realmente interesante entonces es saber por qué una ciudadanía tan agraviada por la política tradicional sigue queriendo en el poder a quienes se forman en el partido del viejo régimen.

Creo que una de las grandes razones que explica esto es que el actual sistema político es básicamente el mismo que el de aquellos años y funciona de acuerdo con las necesidades y prácticas del PRI de entonces y de ahora. Los mecanismos prácticos para que un individuo logre crecer en la política mexicana son los del viejo sistema, centralmente, para efectos electorales, contar con estructuras orgánicas capaces de ganar mayorías relativas (del 20 ó 25%) en múltiples pequeños territorios (municipios, secciones, colonias, ejidos). 

En la actual pluralidad, esa base electoral garantiza la competitividad, pues las elecciones se ganan con no más del 40% de los sufragios. El único partido con una condición organizativa semejante es el PRI, pues justamente la heredó de la etapa en que la estructura del partido y del Estado eran una y la misma cosa. 

Los políticos del PRI no sólo son los más directamente vinculados a estructuras políticas orgánicas competitivas, sino que, en consecuencia, han también dispuesto de mayor acceso a los espacios del poder, con la presencia pública y capacidades de negociación que esto conlleva. Agréguese al coctel el sentimiento de ruptura del régimen que su deserción inspira en los electores opositores y se entenderá el sentido pragmático de haberlos postulado.

Lo lamentable es que, por la vía de los hechos, los triunfos de partidos opositores, pero basados en las viejas prácticas del poder, han demostrado no tener ninguna capacidad para realmente transformar la política nacional. Sin cambiar las reglas del sistema no es sensato esperar un cambio en sus resultados.

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