18 de Noviembre de 2018

Opinión

Cortinas de humo

Muchas veces el dilema es que mientras nuestro cuerpo está dispuesto a la acción nuestra mente y corazón no lo están.

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Las personas no buscan  razones para hacer lo que quieren hacer, buscan excusas.- William Somerset Maugham, escritor

Las excusas son los pretextos o la justificación de nuestra falta de acción.  Las inventamos por lo que no pudimos hacer, no hacemos o no haremos.   Salen las excusas cuando la vida nos presenta un desafío y buscamos dónde escondernos, en lugar de utilizar ese reto para aprender, crecer y ser más fuertes y en vez de emprender acciones, inventamos excusas.

Muchas veces el dilema es que mientras nuestro cuerpo está dispuesto a la acción nuestra mente y corazón no lo están y en vez de avanzar y arriesgarnos nos columpiamos en nuestras disculpas.  Con el tiempo anestesiamos nuestros impulsos y de tanto resistirnos a la aventura, al descubrimiento y a la curiosidad que son naturales en el ser humano,  detenemos el fluir con y en la vida.

Una de las razones por la que  muchas personas evitan entrar en la acción es por no estar dispuestas a experimentar ni el más pequeño dolor o incomodidad y deciden vivir de la “mejor manera” que es “lo seguro” y eso  es: no hacer “nada”.  Sin embargo, eso es falso por el sólo hecho de que, no entrar en acción, es una forma de acción y entonces se fabrican excusas para protegerse,  como por ejemplo: “La gente se reirá de mí” o “Es demasiado tarde para mí”.

Es  bueno experimentar todo lo que la vida nos ofrece, ya que nuestro sentido de vida se revela cuando reflexionamos: ¿Qué es lo que me fascina hacer si no tuviera limitaciones de tiempo, ni dinero?, ¿qué gozaría haciendo?, o ¿qué haría aunque no me pagaran? Cuántas veces ahí está la respuesta para que el “trabajo” se convierta en algo divertido, apasionante y no en algo que se hace de lunes a viernes, vacío de contento y energía.  

Cuando nos dedicamos a una vocación (un llamado interior) poniendo gusto y amor en esa actividad, desarrollamos talentos que nos ha regalado el Creador.  Muchas veces llega a ser esa actividad no sólo fuente de grandes satisfacciones  sino también de buenos ingresos económicos.

Conozcamos y reconozcamos nuestras actitudes y sentimientos acerca de nuestro trabajo actual y si lo hacemos  con gusto, placer y satisfacción estamos en el camino de la realización y la grandeza de nuestro “sentido y propósito de vida”.  Recordemos que sólo tenemos una vida para vivirla aquí en la tierra.  Hay que disfrutarla y agradecer la oportunidad

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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