15 de Octubre de 2018

Opinión

Crepúsculo del camaleón

Roger Metri Duarte, titular de Sedeculta, conocido poeta y funcionario público, también ha incursionado en la narrativa.

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Muchas veces en el oficio del periodismo y la gestión cultural uno se ve envuelto en las lides de la política, tratando con funcionarios, entrevistándolos o, incluso, trabando una relación cordial más allá del ambiente artístico. Sin embargo, como siempre ocurre, dentro de estas dinámicas del quehacer cultural perdemos de vista lo humano, a la persona detrás de los reflectores, al ser sensible que se oculta debajo de la sempiterna y rigurosa guayabera.

Este es el caso de Roger Metri Duarte (Mérida, 1961), quien actualmente encabeza la Sedeculta, conocido  poeta y funcionario público, quien más allá de las lides poéticas también ha incursionado en la narrativa, ésta última menos conocida que otros aspectos de su obra. Por ello, no pude resistir la curiosidad de leer su primer libro de cuentos “Crepúsculo del camaleón” (Ficticia, 2011), aprovechando que lo encontré en la feria del zócalo…

Más emparentada con la prosa poética que con la prosa que habitualmente leemos en los cuentos con estructura convencional, Metri se aleja de lo anterior para entregarnos estampas ricas en imágenes literarias gracias a una urdimbre lingüística que, como dije antes, busca recrear sensaciones estéticas derivadas de la riqueza del lenguaje más allá del regocijo de lo relatado.

Sus cuentos abrevan del caudaloso manantial de la evocación metafórica, situándonos en lugares que habitan recuerdos pletóricos de estímulos sensoriales más que en situaciones concretas, pues, en apariencia, en sus cuentos no ocurre nada. No es de sorprender entonces que la mayoría de sus relatos terminen en finales anticlimáticos.

Incluso el ritmo es muy marcado, con pausas y cadencias dignos de la respiración poética, lo que puede constatarse en el constante uso del punto y seguido y las frases cortas, adjetivadas y llenas de ornamentos, que casi parecen querer obligarnos a fijarlas en nuestra memoria, a detenernos ante cada latido del texto.

En los primeros cuentos del libro retoma figuras y temas clásicos de la mitología griega como Ulises y Prometeo, pero también de las leyendas mayas como es el caso de “Nicte-Há enamorada”. Más adelante, sin dejar de lado las referencias y los nombres grecolatinos, explora tópicos que van de la dualidad a la metamorfosis, donde se sumerge en el mundo homosexual de sus personajes, cuya soledad es inmanente e ineludible. 

Con todo, no es sino hasta “Cómo engañar a Bo Derek” que el experimento de Metri como narrador logra cierta consistencia. Este libro es un loable ejercicio literario que nos sigue dejando en claro algo sin menoscabo de sus aspiraciones narrativas y es que, Roger, ante todo, es un poeta.

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