24 de Septiembre de 2018

Opinión

Un crimen espeluznante

El crimen más espeluznante ocurrido en nuestro país en 2015 fue el cometido por una joven de origen ucraniano que asesinó a su madre y hermana menor discapacitada en Tijuana.

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Quizá el crimen más espeluznante ocurrido en nuestro país en 2015 fue el cometido por una joven de origen ucraniano que asesinó a su madre y hermana menor discapacitada, en horrendo episodio ocurrido en Tijuana.

Este hecho, por lo sanguinario que fue, tuvo relevancia mundial, ya que la asesina, una linda chica de angelical rostro, parecía más una tierna muchacha que una despiadada homicida: Anastasia Lechtchenkoes, joven de 19 años, pero que aparenta más edad, de curvas pronunciadas, cabello rubio y ojos azules que delinea con color negro intenso. Tiene tatuado un corazón tras una oreja.

Cuando Anastasia terminó de desmembrar los cuerpos de su madre Yuliya y su hermana Valeria, se dio cuenta de que las paredes y los muebles estaban salpicados por una fina capa color púrpura. Aunque lo había hecho con precaución, era imposible que no quedara en el piso un charco de sangre. En el fregadero de la cocina estaban las cabezas que había cercenado horas antes.

Había que esconder los cuerpos de su madre, y Valeria, la hermana pequeña con discapacidad múltiple. Ese domingo 7 de junio a las 11 de la noche salió tranquila a comprar bolsas para basura. En tres bolsas negras metió los cuerpos desmembrados y después se fumó un cigarro de “mota”.

La homicida nació en México de padres ucranianos, Yuliya e Igor Lechtchenko, ambos ex acróbatas del Circo Ruso, que decidieron establecerse en nuestro país, viviendo primero en San Luis Potosí, donde nació Anastasia, y luego se trasladaron a Tijuana, donde vio la primera luz Valeria. Cuando el matrimonio se separó las hijas se fueron con la madre, pero Anastasia cayó en el vicio de las drogas y el alcohol, y constantemente tenía pleitos con su madre, a la que profería toda clase de improperios.

Esa noche, drogada con crack, éxtasis y metanfetaminas, sorprendió por la espalda a su madre sentada viendo la TV y la ahorcó con una soga, para luego hacer lo mismo con su hermanita de 12 años, a la que le sacó los ojos con una cuchara “porque no quería que el cadáver la estuviera viendo” –diría durante el posterior interrogatorio.

No sabiendo cómo deshacerse de los cuerpos, decidió desmembrarlos y meterlos en las bolsas negras, pero le ganó el tiempo y los dejó abandonados en el patio de su casa, donde fueron descubiertos por las autoridades.

Tres días después del horrendo asesinato Anastasia fue detenida. No titubeó en responder sin inmutarse cuando los agentes investigadores preguntaban si sabía por qué estaba ahí: “Porque maté a mi madre y a mi hermana, pues eran brujas y me estaban hechizando”.

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