25 de Septiembre de 2018

Opinión

El crimen del padre Parra

El 18 de febrero de 2010 el Pbro. José Luis Parra Puerto, de 51 años, fue hallado muerto en Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México, con cuatro disparos de un arma calibre .22.

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A parte de los recientes crímenes de yucatecos, dos médicos en Guadalajara y un restaurantero en la Ciudad de México, si retrocedemos el almanaque unos años nos encontraremos con otros sonados casos de asesinatos de ciudadanos de estas tierras fuera del perímetro del Estado.

El 18 de febrero de 2010 el Pbro. José Luis Parra Puerto, de 51 años, fue hallado muerto en Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México, con cuatro disparos de un arma calibre .22. Según las primeras informaciones, la noche anterior fue “levantado” por dos sujetos afuera de un establecimiento comercial. El vicario de la parroquia Asunción Sagrario Metropolitano de la capital del país, señalaba la nota, fue sometido cuando salía de un comercio de la colonia San Juan de Aragón, delegación Gustavo A. Madero, en el Distrito Federal, al momento que iba a abordar su camioneta Voyager.

Al  ocurrir el ilícito el sacerdote estaba acompañado por Ulises Amílcar Amador Ahuatzin, de 20 años, acólito de la parroquia del padre Parra Puerto.

Indicaba la reseña del crimen que en una zona de la avenida Eduardo Molina, sacerdote y acompañante se detuvieron a realizar compras en una tienda y fue ahí donde dos sujetos desconocidos detuvieron al religioso. Uno de los maleantes encañonó al ministro, mientras que su cómplice sometía al joven Ulises, a quien abandonaron minutos después sobre avenida Oceanía. El cura regresaba de un encuentro de la Orden de los Caballeros de Colón de la que era asesor. 

A la mañana siguiente fue encontrado sin vida en el interior de su camioneta, abandonada en la avenida Francisco Villa de la colonia Campestre Guadalupana en Ciudad Neza. 

Sin embargo, esa versión del “secuestro” del padre se cayó cuando el acólito confesó que él era el autor intelectual del asesinato. Se había puesto de acuerdo con un sujeto que se escondió en los asientos de atrás de la camioneta y fue quien ejecutó al presbítero.

El móvil del asesinato del sacerdote yucateco fue una venganza familiar del acólito Ulises Amílcar Amador Ahuatzin por una relación del cura con la madre del joven.

Actualmente, Amador Ahuatzin purga una condena de 58 años de prisión.

La próxima semana comentaremos el caso de un joven emigrante oriundo de Oxkutzcab asesinado, descuartizado y quemado en San Francisco, California, así como el crimen de un odontólogo por parte de una pandilla de negros en Florida y el de una adolescente que trabajaba como servidumbre en la Unión Americana.

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