23 de Julio de 2018

Opinión

Crisis de seguridad en Quintana Roo

La percepción de inseguridad relacionada con la ola de violencia en Quintana Roo...

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La percepción de inseguridad relacionada con la ola de violencia en Quintana Roo subió a 80% de la población entre junio y septiembre del 2016.

La sensación de inseguridad creció aún respecto a los últimos años de la administración anterior, bajo cuyo Gobierno se registró una ola de homicidios pocas veces vista en el estado.

La gendarmería, este nuevo cuerpo policial adscrito a la policía federal  no ha rendido resultados en el estado de Quintana Roo y es que tras una sórdida guerra de intrigas y traiciones, donde militares, marinos, policías federales y civiles se dieron con todo, para acotar, controlar, desarticular y boicotear la creación de este nuevo ente de seguridad nacional, el estado sigue siendo rehén no sólo de la delincuencia, sino de los grupos de poder coludidos con los hampones.

El talón de Aquiles del gobierno de estado, sigue siendo la inseguridad y los pocos resultados que se han visto en la pérdida de control a merced de delincuentes.

Las fallas en la estrategia de seguridad nacional, siguen pesando y acarreando más rupturas internas en el equipo de Enrique Peña Nieto, quienes han entrado en una abierta confrontación con quienes controlan las fuerzas militares y de la marina.

Crear una nueva fuerza con 5 mil elementos, cuyo carácter “itinerante” le permita la movilidad de figurar en aquellos puntos sensibles y con mayores riesgos de un brote de violencia, no garantiza tener bajo control, esas zonas que tienen focos rojos debido a la inconformidad social.

Mientras el estado, se debate en los protagonismos exorbitantes, la gendarmería poco responde a las necesidades urgentes de implementar una estrategia se seguridad que se aplique de manera real y no sólo se quede en los llamados Consejos de Seguridad que se han convertido en la hoguera de las bajas pasiones, golpes bajos y confrontaciones que poco ayudan a resolver los riesgos en la creciente alza de la delincuencia en Quintana Roo.

Mientras se limiten a presumir el logro de sus “proyectos reformadores”, hay otra realidad en el estado, que demanda acciones concretas, no paliativos, ni tampoco la obesidad de nóminas policiales que poco ayudan en la realidad a enfrentar los temas  de inseguridad cuya urgencia no se puede minimizar.

Los quintanarroenses se sienten cada vez menos seguros. El grado de desconfianza a los cuerpos policiacos, ha crecido considerablemente.

Preocupa sobremanera al sector empresarial, no corresponde a la subjetividad de los números oficiales, sino al sentir ciudadano, lo que en definitiva es más determinante.

Prácticamente todos los delitos superan el promedio mensual de los últimos años y lo peor es que en los primeros días del actual gobierno la tendencia al alza ha sido una constante.

Otro dato que no es menor es la caída de la confianza de los ciudadanos en los cuerpos policiacos municipales.

El reclamo de la IP se centra en que no hay acciones contundentes ni credibilidad en las autoridades. Piden Policías más fuertes, menos corruptas y conflictivas. 

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