13 de Diciembre de 2018

Opinión

Crónica en la Gráfica en Yucatán

El libro Crónica de la Gráfica en Yucatán corona el empeño como promotora de la cultura de Elizabeth Pasos Millet, directora del Centro Cultural y Galería Posada Toledo.

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El pasado 20 de septiembre se presentó en el Centro Cultural y Galería Posada Toledo el libro Crónica de la Gráfica en Yucatán, catálogo de la exposición presentada por la galería el año pasado, en edición patrocinada por el mismo Centro. El libro corona el empeño como promotora de la cultura de Elizabeth Pasos Millet, su directora, quien ha reunido el talento de destacados artistas plásticos en torno a este proyecto hecho auténticamente por amor al arte, en un momento en que las empresas  culturales independientes libran sus batallas entre la creación y la devoción.

De estos empeños, destaco el programa de cursos del Centro que incluye escultura, pintura, dibujo, técnicas digitales y grabado, de la mano de artistas como Octavio Peniche, Miguel Ángel Reyes, Teresita Castillo, Ariel Guzmán, Manuel May Tilán y Alonso Gutiérrez. 

Con una hermosa factura, el libro presenta una recorrido del grabado en Yucatán, desde un mapa de Yucatán del siglo XVI atribuido a Fray Diego de Landa, hasta los cambios y sorpresas que el maestro Alonso Gutiérrez, curador de la exposición, vislumbra para este siglo XXI, “un futuro demandante  de nuevas definiciones y acaso inéditas certezas” por la presencia de una considerable producción gráfica “convulsionada por inquietudes, rupturas, propuestas, tanteos, y sobre todo gran libertad de expresión”. Acaso veremos crecer el renacimiento de la gráfica yucateca alentada por la unión de las antiguas y sagradas técnicas con los nuevos avances digitales. 

El texto de María Teresa Mézquita nos presenta una reflexión sobre el desarrollo del grabado en Yucatán y un recuento puntual de sus quehaceres; la exposición y sus propias palabras, nos dice Tere, tienen la finalidad de atraer nuevas miradas a esta expresión artística y alentar nuevos proyectos que la impulsen. Y vaya que vale la pena la convocatoria por medio de esta joya editorial. 

Es conmovedora para mí la anécdota que menciona al siempre recordado Eduardo Ortegón, quien contaba que sus primeras monotipias las hizo “en los rodillos de la exprimidora de una lavadora Hoover”. Lo cual creo a pie juntillas y me recuerda la época en que Julio Quintanilla intentó impulsar el grabado, en un principio acompañado por Ortegón, bebiendo ciencia de la sabiduría de los maestros  Emilio Vera y Fernando Castro Pacheco.

Su consultor permanente era otro maestro, Alonso Gutiérrez, muchas veces, como esta, presente en aventuras plásticas y culturales y uno de esos pintores que también escriben con impecable pluma, amén de tener un humor penetrante y gozoso. Viendo a Julio Quintanilla y Eduardo Ortegón siempre juntos y debatiendo todo el tiempo, los nombró como uno sólo: Ortegón y Gacetín, en obvio recuerdo del gran filósofo español.

Esperamos que las nuevas miradas a las que convoca el libro contribuyan a multiplicar “los sueños de la razón”, con el espíritu crítico y la libertad de expresión que soñó en su sueño Goya.

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