22 de Septiembre de 2018

Opinión

Crónicas del horror

Las autoridades de todos los signos nos están quedando a deber, pero nosotros, ciudadanos comunes, también pecamos de omisos o de ingenuos, que es peor.

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Dicen que no hay nada más viejo que el periódico del día anterior, conseja con la que, sin embargo, no comulgo. Yo suelo volver sobre las páginas que apenas pude hojear en fechas anteriores y muchas veces me topo con noticias que debieron recibir mayor atención.

Ayer domingo revisando la edición del sábado 18 de Milenio Novedades me detuve en las crónicas que nos pintan la realidad dramática y cruel de lo que acontece en Guerrero, de Juan Pablo Becerra-Acosta (página 27), y  Lorena López (página 31),  que nos describe la muerte –no de cáncer sino de rabia- de una madre que no pudo saber el paradero de su hijo policía y el velatorio de la señora –postrera protesta- junto al Palacio de Cobián, sede de Gobernación.

Ambas crónicas nos hablan de realidades ante las cuales no podemos, ni ciudadanos ni autoridades,  cerrar los ojos. Los yucatecos menos que nadie podemos pensar que suceden lejos de nosotros, afortunados habitantes de una isla de paz en medio del mar embravecido de violencia que sacude otras regiones del país.

Sobre todo el dramático relato que hace Becerra-Acosta –sustentado en testimonios de quienes vivieron esos sangrientos sucesos- del desalmado proceder del alcalde de Iguala, José Luis Abarca, un matón perredista de quien ahora reniegan sus correligionarios y ayuntados de Convergencia y PT, a cuyo carro se unció el PAN.

Ni la más sangrienta de las novelas de horror se acerca siquiera a esa dramática descripción de una realidad que avergüenza, entristece y aterra porque demuestra los grados de impunidad con que operan grupos de delincuentes en México en complicidad con policías y otras autoridades. ¡Cuántas vidas segadas, cuánta sangre inocente derramada! ¡Cuánta impunidad sobre todo!

Las autoridades de todos los signos nos están quedando a deber, pero nosotros, ciudadanos comunes, también pecamos de omisos o de ingenuos, que es peor. Hoy que se acercan días de definición política no podemos quedarnos pasmados. ¡Hay que actuar en consecuencia!

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