21 de Noviembre de 2018

Opinión

Cuando se revuelve el agua cualquier ajolote es bagre

Los resultados están dados y no hay por qué quejarse. ¡Ganamos! Usted y yo que nos abstuvimos de acudir a las urnas...

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Los resultados están dados y no hay por qué quejarse. ¡Ganamos! Usted y yo que nos abstuvimos de acudir a las urnas, somos artífices del triunfo tricolor y la justificación es lo de menos. Hubo quien decidió y no fuimos nosotros. Ahora, habrá presidentes municipales gobernando con el apoyo del 10 por ciento de la población total de su demarcación y diputados que van por la segunda vuelta en el Congreso local, aun habiendo cambiado de estandarte hasta en tres ocasiones durante el último lustro ¿Cosas de la democracia? Quizás...

El análisis que especialistas han hecho del escenario final del proceso electoral en Quintana Roo va en el sentido del enorme abstencionismo que reinó en términos generales. El  fenómeno se repitió en las demás entidades que eligieron autoridades municipales y legisladores y resultó ser más agudo que en épocas electorales anteriores.

Las campañas políticas fueron austeras, reinó el desconcierto con el reemplazo de candidatos y propaganda engañosa promoviendo el voto nulo, alianzas que no lo fueron, otras que los han sido por supervivencia, personajes sin carisma, compra de votos y demás. Anécdota: un compañero fotógrafo fue abordado por una joven que le preguntó si ya había votado. La negativa del reportero gráfico sirvió para que la muchacha le señalara cómo hacer para que le dieran 700 pesos si comprobaba que había votado por una candidata del PRI en el Distrito II. “Es mejor si le tomas la foto con tu celular a la boleta”, le aconsejó.

Al cabo, les fue mejor a partidos “chinche” como el PVEM y el Panal, que a otros como el PT que se lanzó solo y postuló candidatos a todos los cargos de elección popular.

Pero está hecho. Tendremos 36 meses con más de lo mismo. Los comentarios en las mesas del café a raíz de los resultados obtenidos en estas elecciones intermedias, esto, en boca de experimentados personajes de la sociedad nuestra, es que debieran quedar solamente los tres partidos políticos más representativos: Centralistas, de izquierda y los conservadores. Las prerrogativas a organizaciones políticas con vigencia y presencia se reducirían en varios millones.

El desencanto o apatía de quienes se negaron a participar en la jornada, desde funcionarios de casillas que no acudieron hasta potenciales votantes que, de una forma u otra, renunciamos al derecho de ejercer el voto, pudiéramos atribuirle un escaso trabajo de promoción al voto previo a las elecciones por parte de la autoridad electoral, lo que sería motivo de análisis ¿Realmente requerimos de un costosísimo organismo que sólo trabaja seis o siete meses cada tres años? Igual pudiéramos pensar del Tribunal Electoral estatal y entonces tendríamos una importante reducción en gastos, desde sueldos, salarios, compensaciones, energía eléctrica, combustible y otros tantos.

¿Por qué no podemos ser un estado precursor de estas medidas de austeridad? En Jalisco cuentan con un órgano de transparencia cuyos integrantes son honorarios, y hasta hace unos años era el más eficiente del país. ¡El nuestro no sirve para maldita la cosa y nos cuesta más de 25 millones de pesos anuales!

En realidad no sé si la democracia deba ser tan costosa, pero la confiabilidad en los organismos encargados de defenderla, así como en los partidos que, en todo caso, serían los entes obligados a practicarla, es un valor que cada vez está más a la baja, tanto, como el ánimo de los votantes.

Ya sólo debo aclarar que no estoy en contra de los resultados obtenidos en las votaciones. No tendría derecho a reprochar cuando cada uno de los actores hizo lo que tenía que hacer para salir airoso de la justa.

Lo que me parece delicado es la escasa representatividad de quienes formarán parte del Congreso del Estado, del éxito de los candidatos reciclados y de la unilateralidad que observaremos en la toma de decisiones en los próximos 32 meses.

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