21 de Septiembre de 2018

Opinión

Da miedo

Los aconteceres policiacos, una verdadera fuente inagotable de enseñanza.

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Una de las secciones del periódico que no me pierdo es la de la nota roja. Siempre he pensado que los periodistas que se inician deberían hacerlo en la fuente de policía porque es una verdadera fuente inagotable de enseñanza. Como novel reportero, estuve comisionado buen tiempo en la cobertura de los aconteceres policíacos  y puedo decir que aprendí mucho y viví fuertes experiencias. Lo mejor y lo peor de la condición humana se pueden hallar en los sucesos policiacos. Eso tendría que retratar un buen periodista, no sólo referir los hechos. 

El domingo pasado, en la sección respectiva de Milenio Novedades, me encontré dos noticias que deben generar una reflexión y un análisis profundos. Se trata de la sentencia a 8 años de cárcel a un sujeto que violó a un niño en Umán –mismo sujeto aquel que ya antes había cometido un delito similar contra una niña y del cual fue absuelto porque 'la Fiscalía no lo pudo probar'- y de la mujer que fue traída del Estado de México y 'entregada a su marido'.

Puesto a pensar en los dos  casos, me parece que el sujeto violador –cuyo delito fue plenamente probado ante el tribunal que lo enjuició- tendría que haber sido sancionado con mayor severidad –ni siquiera el monto económico de la 'reparación del daño' parece justo-, porque la afectación que le causó al pequeño va mucho más allá de unas lesiones físicas. Como dijo una persona muy querida:  le destrozó la vida.

El caso de la señora de Maxcanú –usando un símil- nos lleva a pensar en que el suceso ocurrió en un enclave del Estado Islámico. ¿Cómo se le puede 'entregar' al marido, de cuyo lado huyó no por el excesivo amor que recibía sino por la violencia del hombre? 

La autoridad, en todos sus niveles, pero más en el de la justicia, debería olvidarse a veces de la literalidad de la ley y entrar al fondo de los asuntos a ella encomendados. Se trata de vidas, de sueños rotos, de violencia contra las mujeres y las personas indefensas, como los niños víctimas del depravado de Umán. En suma, como ocurre en casi todos los casos, se trata de hombres violentos y malvados, capaces de sacrificar a niños inocentes con tal de satisfacer malsanas pasiones. Da miedo.

PD: Los votantes en Bolivia (se ha contado ya el 87% de los sufragios), le dicen NO a la reelección (tercera vez) de Evo Morales. El indiazo -dicho esto sin ánimo peyorativo-, que salió del lumpen proletario y se encumbró, se sumaría a doña Cristina, a quien los argentinos le dijeron NO, y a Maduro, que también cayó bajo los votos venezolanos y hoy se revuelca viendo cómo se le va el poder heredado. ¿Una nueva primavera ciudadana?

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