10 de Diciembre de 2018

Opinión

De Alcatraz a Guantánamo

Lo que se hacía en Alcatraz se sigue haciendo en otras cárceles de la propia California y mucho peor aún en ese limbo judicial que es Guantánamo.

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Por los mismos días en que leí sobre una “huelga de hambre en cárceles de California” debido a que  “los reos piden que la política abusiva de aislamiento se limite a cinco años”, vi en televisión la película Homicidio en primer grado (dirigida por Marc Rocco, con Christian Slater, Gary Oldman y Kevin Bacon) y comenzó el sacratísimo ayuno del Ramadán para los musulmanes en huelga de hambre presos en Guantánamo (104 de un total de 166) que son alimentados a fuerza, por sondas nasales, para impedir que mueran de hambre y a la mayoría de los cuales ni siquiera se les han levantado cargos.

Lo único casual, pues, fue la película de Rocco sobre el infierno que era esa isla frente a San Francisco donde existió el penal de Alcatraz. Pero lo que se hacía en Alcatraz, lo que denuncia valientemente la película, se sigue haciendo en otras cárceles de la propia California y mucho peor aún en ese limbo judicial que es Guantánamo.
No quiero caer en el antiyanquismo, racista a nuestra manera, que habita nuestros genes. Estados Unidos es un gran país, desde luego, con personas de primera y abierto a lo mejor del mundo, pero está lleno de sombras y de seres que no merecen el nombre de humanos. Peor aun cuando se revisten de halo justiciero para cumplir órdenes y justificar crímenes.

Un militar en Guantánamo, entrevistado por el diario El País, responde a su madre, preocupada por todo lo que se oye de esa cárcel: “Mamá, estoy orgulloso de lo que hago”. Y lo que hace es “atar a una silla” diseñada para eso “al preso que debe ser alimentado” colocarle una máscara “que impide que mueva la boca, así como que pueda morder o escupir... introducir un tubo por la cavidad nasal. Según los abogados..., sus clientes se quejan de sufrir un dolor intenso... ya que en esa zona existen muchas terminaciones nerviosas” y gotearle proteínas en un proceso infernal para quien lo sufre y para quien lo aplica. 

“En Guantánamo están los mejores hombres de la nación sirviendo a su país”, dice el comandante a cargo. 
Esa certeza de que son los mejores hombres los que cazan migrantes, matan en Medio Oriente o espían al mundo es lo espeluznante de la “buena conciencia” norteamericana.

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