19 de Octubre de 2018

Opinión

De deuda en deuda

Siguiendo una costumbre que se ha hecho ley, varios de los alcaldes entrantes...

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Siguiendo una costumbre que se ha hecho ley, varios de los alcaldes entrantes que apenas han tenido tiempo de acomodarse en su silla han empezado a recurrir al endeudamiento para apuntalar el inicio de sus gestiones, usando como pretexto las malas condiciones económicas en las que recibieron sus Ayuntamientos, pero sin emprender acciones legales contra los responsables del saqueo.

Y es que algunos de los recién estrenados presidentes municipales anticiparon el tamaño del desastre financiero que les esperaba al asumir el mando, pero pronto comprendieron que no había soluciones mágicas, y de inmediato pensaron en seguir el mismo camino que sus antecesores.

El primero que dio un paso para la adquisición de pasivos fue el alcalde capitalino, Luis Torres Llanes, quien para poder mantener la operatividad de los servicios públicos solicitó un adelanto de participaciones, que si bien no incrementa de manera directa la deuda pública del municipio, si es un endeudamiento a corto plazo con el que tendrá que lidiar el edil en los próximos meses, nada tersos por cierto.

En Tulum, la alcaldesa priista Romualda Dzul Caamal, ni tarda ni perezosa puso manos a la obra para endeudar por 23 millones de pesos un municipio que hasta hoy no había registrado deuda formal a largo plazo, pero en el que ha trascendido se heredó una pesada deuda con proveedores del gobierno de David Balam Chan.

Algunos regidores de oposición pusieron el grito en el cielo ante la solicitud de endeudamiento “exprés” de la alcaldesa, quien pasará a la historia como la que puso la primera piedra del endeudamiento de Tulum.

En Playa del Carmen (Solidaridad), el segundo municipio con mayor deuda del estado, la presidenta Cristina Torres Gómez se quedó sin margen de maniobra, ya que la nueva normativa para evitar el sobreendeudamiento de los municipios puso freno al Ayuntamiento, desde antes de que la nueva alcaldesa tomara posesión, cerrándole la puerta incluso a la contratación de “refinanciamientos”, que no son otra cosa que adquisición de más deuda con nuevos plazos e intereses.

La tentación de la deuda está presente en todas las demarcaciones, y en los próximos meses veremos a varios de los alcaldes sucumbir ante ella, poniendo su tabique en el aumento de la deuda pública quintanarroense. 

Lo delicado del asunto es que con esto se complica la situación de los municipios, si acaso necesitaban nuevas cargas en su complicadísima travesía.

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