12 de Noviembre de 2018

Opinión

De la emergencia al olvido

Ese ha sido siempre el peor momento: superada la emergencia, con la última cámara que se va, viene el olvido.

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Ahí está, en su escondite del pasado. Florestán

A lo largo de los años he sido testigo de cómo operan gobiernos y sociedad ante un desastre natural como el que afecta a una gran parte del país.

He vivido lo que fue el impacto del Gilberto, en 1988; el de Paulina, en Acapulco y Oaxaca, en 1997, y un año después la costa de Chiapas; el Wilma en Cancún, en 2005, y el Stan en Chiapas, aquel mismo año, las inundaciones en Villahermosa en 2007, con el desgajamiento en el Grijalva, y en todos hay una constante en la reacción de gobierno, sociedad y medios.

Al primer impacto, sigue la primera reacción del gobierno y simultáneamente de los medios. A la sociedad le lleva más tiempo.

El gobierno empieza a dimensionar el desastre, los medios a documentarlo y la sociedad a informarse.
El gobierno extiende su operación, siempre desde el eje Ejército-Marina y servicios médicos, y la sociedad a hablar del caso.

Los medios extienden, profundizan su información, llegando a la zona de la desgracia a veces antes que la misma autoridad mostrando imágenes y crónicas que retratan la gravedad creciente del problema.

Ya movilizado, el gobierno jerarquiza, hace revisión de daños, ordena, rescata, ayuda; levanta albergues, cocinas comunitarias, centros hospitalarios, reparte despensas; llegan los médicos, las enfermeras, las medicinas.
La sociedad comienza a conmoverse, a solidarizarse, a donar, a veces con un pequeño empujón, pero luego su generosidad es incontenible.

Pasan los días y aumentan las víctimas, los muertos, los desaparecidos; conforme bajan las aguas, emergen los daños.

Ya con un gobierno y sociedad volcados en la ayuda y los medios en la información, se pasa de las crónicas del dolor y la destrucción, de los que han perdido todo, hasta la esperanza, al diagnóstico, el recuento de daños, el cálculo de la recuperación y los planes de reconstrucción.

Ese ha sido siempre el peor momento: superada la emergencia, con la última cámara que se va, viene el olvido.
Vigilemos que esta vez, a diferencia de muchas de las anteriores, no sea así.

No lo permitamos.

RETALES
1. CALLE.
Andrés Manuel López Obrador dijo que no asistiría a los foros del Senado sobre la reforma energética por ser una farsa, pero instruyó a los suyos;
2. DALAI. Dicen los promotores de la visita del Dalai Lama que el presidente Peña Nieto lo recibirá en Los Pinos. No veo cómo después de la estrecha relación que ha establecido con el presidente chino Xi Jinping y de las represalias chinas tras el encuentro que tuvo con el presidente Calderón; y
3. TRAGEDIA. Mañana será el homenaje a los cinco elementos de la Policía Federal muertos en el cumplimiento del deber en Guerrero. Lo encabezará el Presidente en su Centro de Mando en Iztapalapa. 
Nos vemos mañana, pero en privado

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