16 de Enero de 2018

Opinión

De los que nacen en prisión

Las internas me pidieron no hablar de sus historias personales, son momentos que no les gusta recordar...

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Actualmente estoy montando una obra de teatro en el área femenil del Cereso. De entrada, las internas me pidieron no hablar de sus historias personales, son momentos que no les gusta recordar. Hicimos una lluvia de ideas: “Hablemos de los famosos en prisión, de los privilegios que ellos tienen y que nosotras no”. 

Decidieron que eso sería cómico y ellas quieren hablar de algo que haga pensar al espectador. Compartieron historias de sus compañeras de celda, la fe que las mueve y la adoración de algunas por la “Dama del rubor helado”. 

Sentí que el tono general de las historias podría ser muy fuerte para los espectadores, la obra debe tener variaciones. 

Les pedí que me contaran alguna historia linda, que seguramente habría alguna historia de amor ejemplar, algún hombre que esperó 20 años a una mujer condenada, alguna familia que se unió a partir de que la hija estuviera en prisión, un milagro… Nada, esas historias rosas -a decir de ellas- no aplican para la cárcel, aplican en novelas y películas. 

De pronto una dice: “Algo curioso es que cuando una embarazada cae presa, el bebé tarda casi 10 meses en gestación. Nunca se ha adelantado un parto, todas, cuando llegan los 10 meses, son llevadas escoltadas al hospital para el nacimiento del bebé. Como que los bebés no quieren nacer aquí”. 

Otra más completa: “Llegué aquí embarazada de 4 meses, mi hija me salvó de que en el interrogatorio se les pasara la mano, no podían torturarme porque estaba embarazada”. 

Los bebés que nacen en prisión permanecen en la cárcel hasta los 2 años  de edad. ¿Y no les da pena que su bebé esté encerrado aquí si es un ser inocente? 

“Ay maestra, aquí los niños son muy queridos, no les falta leche ni pañales, pues por ley se les otorga, allá afuera hay niños que mueren de hambre, que son golpeados. Tenemos una compañera que llegó aquí porque mató a su hija de 7 años a tubazos. Aquí un bebé es adorado, todos les regalan cosas y los cuidan. Cuando se van se les hace una fiesta para despedirlos. Da alegría y tristeza; porque se va a la vida, pero aquí se le extraña mucho”. 

Pienso en esos niños nacidos bajo el signo de la prisión y la inminente libertad que implica separarse de sus madres. 

Las mujeres que tienen a sus hijos en prisión me enseñan nuevas y grandes lecciones; algunas de ellas me enchinan la piel y otras me hacen pensar en el milagro de la vida y la libertad.

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