16 de Noviembre de 2018

Opinión

Degradados

La Comisión de Honor y Justicia tiene el objetivo de castigar a quienes con sus conductas manchan la institución, pero también el de reconocer hechos destacados de los agentes.

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La degradación y cese de dos policías estatales fue el tema de principios de semana, y trascendió al ámbito nacional quizá porque en otras entidades no aplican sanciones de esta índole, más características del Ejército.

Nos preguntan si la ceremonia en que fueron degradados -que se hizo pública a través de un video difundido por la Secretaría de Seguridad Pública (SSP)- conculca los derechos humanos de los policías acusado, uno, de sostener relaciones sexuales con una mujer en una patrulla, y los dos restantes, de solaparlo. 

La respuesta es no, ya que previamente fueron juzgados y escuchados en defensa ante la Comisión de Honor y Justicia, que recomendó la sanción. Esa Comisión, instalada en 2010, tiene el objetivo de castigar a quienes con sus conductas manchan la institución, pero también el de reconocer hechos destacados de los agentes.

Y no fue la primera vez que la SSP aplicaba un castigo de esa naturaleza, pues en julio de 2011, a otros dos uniformados les retiraron sus insignias y los despidieron por aceptar el soborno de un automovilista para que no lo infraccionaran. Parece que el castigo no sirvió de ejemplo.

Hay paralelismo en las Fuerzas Armadas, donde los correctivos disciplinarios van desde la amonestación hasta la baja; este último por recomendación de los Consejos de Honor, que conocen de faltas graves a la disciplina. En tanto, el Código de Justicia Militar (aplicable para la comisión de delitos) prevé la suspensión de empleo temporal y también la destitución, es decir, la baja.

Sin embargo, no recordamos alguna ceremonia donde se haya degradado a algún elemento, por lo menos no en nuestra estancia de casi tres décadas en la Marina. 

Y a quienes consideran exagerado el castigo a los ahora ex agentes, hay que recordarles que los servidores públicos deben ser ejemplo de moralidad, transparencia y honestidad, que su actuación debe estar orientada a servir a la ciudadanía, que es quien paga su sueldo a través de sus contribuciones.

No hay duda, una institución de seguridad requiere que la sociedad vea en cada uno de sus integrantes un hombre de confianza.

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