19 de Septiembre de 2018

Opinión

Demasiada energía

Álgida semana, con demasiada energía la que se observa en el Estado tras la conclusión del ciclo escolar...

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Álgida semana, con demasiada energía la que se observa en el Estado tras la conclusión del ciclo escolar, los eventos de despedida, la entrega de calificaciones y documentos, el proceso de reinscripción, trámites para becas y preparativos para el nuevo ciclo 2014-2015.

La escena de la siguiente semana, recurrente cada año, evidencia una colosal necesidad en Quintana Roo, particularmente por la población flotante de paterfamilias y los de residencia que sacrificamos tiempo, esfuerzos y recursos para procurar a los hijos la mejor herencia que se puede dar: Educación.

En los planteles escolares (públicos y privados) “nubes” de madres y padres de familia recorren instalaciones para dar continuidad a la confianza conferida en el instituto donde se tiene a los hijos, o para recoger documentación con fines de cambiar escuela y, por supuesto, visitar nuevos centros educativos que convengan a los principios, cupo, nivel, experiencia, congruencia y recursos para la educación de los vástagos. 

Casual no es que en cruceros y esquinas de alto aforo vehicular luzcan láminas espectaculares (polémicas durante cada gobierno municipal) promoviendo la oferta educativa de planteles en particular. No lo es tampoco el que en las poco más de 150 plazas comerciales que hay en Cancún, por ejemplo, estén disponibles y obsequiándose los directorios escolares, volantes y módulos ofertando “la mejor opción educativa para tu hijo”. 

Un dato sui-generis, en esta ciudad turística, es que no más de cinco instituciones de educación primaria ofertan un programa de inclusión académica a niños con necesidades específicas. Estudiada y experimentadamente la psicología; y pedagógicamente, la Secretaría de Educación Pública (SEP) lo clasifican como un programa incluyente para niños con el Trastorno de Déficit de Atención (TDA). 

Es plausible esta intención de integrar al aula regular a pequeños con necesidad particular. Lo que debe ser severamente vigilado, aplicado y evaluado es el método que cada plantel aplique y claro, que se explique a los paterfamilias y al resto de educandos, con sobrada conciencia, cómo se desarrolla este programa que no debe basarse en la famosa mecánica de prueba-error.

A título personal y luego de platicar con cuatro de estas criaturas clasificadas en el TDA coincido en argumentar que no son “niños malos”. Pienso que son provistos de una alta energía, demasiada, para concursar en un aula regular escasa o inadecuadamente guiados por un equipo o una institución que promueva la multidisciplina para atenderlos, perdiéndose en el camino, o peor aún, esperando encontrar en esa misma aula otro educando que sirva de contención o premio para que el niño TDA “no se porte mal”, siguiendo esa mecánica de prueba-error.

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