10 de Diciembre de 2017

Opinión

Democracia, pero no demasiada

La mayoría, que no vota por los ganadores, no se queda, sin embargo, sin representantes en las cámaras.

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He votado once veces por diputados federales, casi siempre por candidatos que perdieron. ¿Soy parte de una minoría? Resulta que no: desde 1997 formo parte de una mayoría de aproximadamente el 60% de los votantes, los que siempre votamos por perdedores. Esto es así porque quienes ganan las diputaciones en un distrito electoral lo hacen con el 40% de los votos, en promedio. El 60% de los sufragios se distribuyen entre varios candidatos. El que gana casi siempre lo hace con minoría de votos.

La mayoría, que no vota por los ganadores, no se queda, sin embargo, sin representantes en las cámaras. 

Aunque la mayoría de los diputados -los 300 de distrito- son electos por la minoría de los ciudadanos, el restante 60% de los electores logra elegir legisladores gracias al sistema de representación proporcional. 200 de los 500 diputados no se eligen individualmente en distritos, sino que son votados en listas de múltiples candidatos -de ahí lo “pluri” de “plurinominal”- que aparecen en la misma boleta que los candidatos de distrito, y que resultan electos en la proporción de votos que reciban: si una lista plurinominal recibe el 25% de los votos, resultará electa la cuarta parte de los candidatos de la lista. 

Así, la mayoría de los ciudadanos -el 60%- que dio su voto para lograr que sus propuestas llegaran a las cámaras logran que así sea, pese a perder en su distrito. Su voto, sin embargo, resulta muy devaluado, pues, con el actual sistema, cada voto de esta mayoría pesa 4.5 veces menos que cada voto de la minoría que sí gana un distrito, pues ésta también elige plurinominales.

En cuanto a los políticos, en 2012, para ser electo en un distrito, se requirió como media de 69,951 votos, en tanto que cada plurinominal necesitó 135,830.

De prosperar la propuesta del presidente del PRI, César Camacho, para desaparecer plurinominales, el 60% de electores que no votamos por ganadores veríamos colapsar el peso de nuestro voto a la mitad, eligiendo a una minoría ínfima de la Cámara.

Esta propuesta no es sólo antidemocrática sino también  irresponsable. Con ese esquema, en 2003 y 2009 se hubiera garantizado que una minoría de votantes obtuviera en la Cámara una inmerecida mayoría de diputados, suficiente para bloquear al presidente.

Lo injusto puede también ser disfuncional.

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