21 de Septiembre de 2018

Opinión

Desaire al territorio

Precisamente cuando a nivel oficial debe enviarse un mensaje vigoroso en defensa de la integridad de Quintana Roo...

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Precisamente cuando a nivel oficial debe enviarse un mensaje vigoroso en defensa de la integridad de Quintana Roo, en el aniversario de la creación del Territorio  –creado por decreto del presidente Porfirio Díaz un 24 de noviembre de 1902– el desdén oficial fue el sello distintivo de la ceremonia oficial efectuada este domingo por la mañana en la Explanada de la Bandera, frente a Palacio de Gobierno.

Hasta la Oficial Mayor, Rosario Ortiz Yeladaqui, envió representante, y predominaron seis sillas vacías como evidencia palpable del desdén oficial a un acto de enorme trascendencia, por todo lo que está en juego por la posibilidad de que nos sean arrebatados 4 mil 800 kilómetros cuadrados que mantiene invadidos Campeche.

Una ceremonia de estas dimensiones políticas no debe ser convertida en un eventito de ocasión, despreciado sobre todo por políticos y burócratas chetumaleños que no son capaces de predicar con el ejemplo.

El orador oficial fue el chetumaleño Raúl Labastida Mendoza, consejero jurídico del Gobierno del Estado.

El alcalde capitalino, Eduardo Espinosa Abuxapqui, envió como representante al síndico Arturo Fernández Martínez, ya que en esos momentos estaba haciendo ciclismo en el bulevar para impulsar un acertado programa de recreación familiar y deporte.

Pero en muchos casos no se justifica el desdén, particularmente en los chetumaleños que no tienen la menor excusa para faltar, a menos que en su escala de valores el 111 aniversario de la creación del Territorio sea un asunto desechable. 

En un descuido, cuando se trate de disputar las candidaturas a diputados federales muchos de estos políticos son capaces de enviar representante.

Exigencias de inspectores de la Cofepris 

El emblemático Café Milagros, refugio de políticos, comerciantes y periodistas en el corazón de Chetumal, permanece clausurado desde el pasado martes porque una inspectora de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), se puso muy estricta, exigiendo incluso la colocación de mosaico en el pasillo que cuenta con piso de cemento. Una exageración, a todas luces.

Se trata de muchas observaciones que no constituyen un riesgo sanitario, y que podían ser subsanadas sin necesidad de cargarle la mano al negocio del que dependen seis familias. Pero al dueño del negocio lo colocaron contra la pared porque tiene que hacer una cuantiosa inversión y seguir pagando a sus empleados con el negocio suspendido.

Claro que los inspectores de la Cofepris deben hacer revisiones minuciosas y ser inflexibles, pero ciertos elementos toman sus revisiones como una fuente de dinero mal habido, extorsionando a los restauranteros y obligándolos a soltar billete para dejarlos en paz.

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