19 de Septiembre de 2018

Opinión

Deschongue perredista

Ni los vientos de la alternancia, ni el hecho de ser ahora uno de los dos partidos oficiales en Quintana Roo, han logrado erradicar los viejos vicios del PRD...

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Ni los vientos de la alternancia, ni el hecho de ser ahora uno de los dos partidos oficiales en Quintana Roo, han logrado erradicar los viejos vicios del PRD, donde nuevamente sus “tribus” están en una guerra abierta buscando la dirigencia, y con ello, el control del partido, luego de que el ex presidente Emiliano Ramos Hernández lograra tirar del cargo al “ricaldista” Jorge Aguilar Osorio con una certera zancadilla.

Muy poco le duró el gusto al ex diputado Jorge Aguilar Osorio, quien en el pasado proceso interno también buscó la dirigencia respaldado por el grupo del ex alcalde de Cancún y actual titular de Desarrollo Indígena, Julián Ricalde Magaña, pero fue derrotado por la tribu de Emiliano Ramos Hernández, quien se hizo del bastón de mando.

Tras la dolorosa derrota, Julián Ricalde y Aguilar Osorio hicieron el berrinche de sus vidas y renunciaron al partido, para formar su propio movimiento político que no prosperó. Después de un tiempo y con el viento a favor, retornaron sin aspavientos a las filas perredistas.

Pero con el triunfo de Carlos Joaquín González quien remolcó al PAN y al PRD, ahora partidos en el poder, parecía que todos los problemas entre los solaztequistas quedaron en el olvido, y que vivían un momento de armonía plena. No fue así.

Emiliano Ramos Hernández asumió una diputación plurinominal que se autoasignó como dirigente del partido, pero nunca renunció formalmente a la presidencia, aunque se hizo todo un proceso de relevo donde Julián Ricalde impuso a Jorge Aguilar Osorio al frente del partido a mediados del mes de octubre.

Pero Ramos Hernández no se quedó conforme con el empoderamiento de Ricalde, con quien siempre ha tenido roces, por lo que decidió impugnar la elección por irregularidades en el proceso, y finalmente el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación le dio la razón, dejando sin validez el nombramiento de Aguilar Osorio, por lo que la presidencia volvió a caer en las manos del diputado.

El golpe bajo de Emiliano contra el grupo ricaldista pegó donde más duele, y además desató las ambiciones entre los grupos de poder del perredismo local que se han lanzado con todo lo que tienen por hacerse del hueso que aún tiene en las fauces Ramos Hernández, a quien ahora le exigen la renuncia como lo estipulan las reglas del partido.

El PRD es un verdadero desastre, aun en tiempos de bonanza.

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