18 de Enero de 2018

Opinión

Destello de una raza

“¡Ahora, tendrás que poner el alma!”, le dijo la partera a Tomasa en el mismo instante en que le presionaba...

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“¡Ahora, tendrás que poner el alma!”, le dijo la partera a Tomasa en el mismo instante  en que le presionaba el abdomen a aquella mujer perlada de sudor, inquietud y llanto. El grito fue desgarrador al asomar la cabecita y de inmediato el cuerpo del recién  nacido, en el instante preciso en que la luna se ocultaba tras la nubes. Mientras, afuera de la choza tzotzil los últimos danzantes entraban en el frenesí emocionante que causaba el aguardiente para soportar el peso de las fiestas de San Juan, en el mundo Chamula. En el país, la noticia que recorría los centros urbanos eran las fastuosas fiestas del centenario de la Independencia de México, encabezadas por Don Porfirio Díaz Morí. 

Estos eran los acérrimos contrastes entre el México opulento y la nación miserable. Mientras uno se encontraba cubierto por la alfombra simuladora del “progreso”, el otro –México- (casi inexistente) se debatía entre el dolor social, la explotación caciquil de las haciendas y su instrumento represor: “Las tiendas de raya”.

La partera, de inmediato lavó al recién nacido con leche de burra, se la entregó a la madre y salió al patio del solar con una palangana de agua-sangre cuando en el camino se encontró de frente con el padre. En su propio dialecto se enfrentó y con enojo añadió: “Deje por una ocasión la bebida. Le ha nacido un varón sano”. Aquel hombre sin inmutarse en lo más mínimo salió de aquella habitación construida con cañitas y adobe. Se empinó la botella, y dando pasos erráticos abandonó el lugar. 

La mujer vio por primera vez a su hijo, derramó una lágrima en silencio y le dijo: “Te llamarás Juan, como el “totic”; y Pérez Jolote, como tu padre”. A partir de ese momento su vida fue un verdadero calvario con un padre sometido al alcoholismo y la frustración de una vida miserable, insatisfecha y esclavizante. 

Mientras el padre se emborrachaba, la hacienda le cobraba a Juan Pérez Jolote lo que su progenitor consumía. En tanto, la violencia y los golpes que les propinaba a él y a su madre, aquel despiadado, eran las vivencias de un verdadero infierno en la tierra. Un día decidió huir, enrolándose en las filas revolucionarias que dirigía Venustiano Carranza. Cayó preso, cambió de idea y luego combatió al lado de Emiliano Zapata, hasta que decidió retornar a su amado Chiapas, y sobre todo a su querido pueblo, Juan Chamula.

Pérez Jolote trabajo en la siembra del maíz y el café en el Soconusco; cayó preso por un delito que jamás cometió y así aprendió el oficio de tejedor de sombreros de palma y obras de arte en tallado de madera. 

Cuando retornó al pueblo ya sabía leer y escribir, así fue como se convirtió en maestro rural, para enseñar a niños de su raza las letras. Fue nombrado fiscal del pueblo, donde una de sus funciones era contar e identificar a  todos los santos de las iglesias. Así comenzó a conocer las necesidades de su gente nombrándolo la máxima autoridad “tata mandón” del pueblo, que señalaban sus usos y costumbres. Con una paciencia patriarcal ayudaba a su gente a resolver los problemas cotidianos, lo que le dio una gran popularidad por la importancia que tenía un hombre que le había infringido tanto dolor en su niñez y que él convirtió en amor al prójimo. 

Juan Pérez Jolote fue un indígena ejemplar. Es un legítimo representante de su raza. Hoy es el códice en la lucha de todos los indígenas que en ocasiones han perdido su libertad, pero no su dignidad. De aquellos que a pesar de haber sufrido las penitencias esclavizantes, jamás se rindieron ante la adversidad.

En el panteón de Cunchuluntic, San Juan Chamula, existe una modesta tumba que los indígenas reconocen  como el sepulcro que guarda los restos del gran Juan Pérez Jolote, que señala la fecha de su muerte: “Febrero 2 de 1961”. Este es un sitio del recuerdo. Un lugar señalado para meditar y buscar el refugio a una opinión silenciosa de Juanito, con quien sienten que dialogan en el tiempo y la esperanza de un futuro que los libere de los grilletes hacia la libertad. 

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