12 de Diciembre de 2017

Opinión

Detective lector

Soy lectora de segunda mano de Arthur Conan Doyle, sus historias me llegaron envueltas como regalo de la voz de un amigo.

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Soy lectora de segunda mano de Arthur Conan Doyle. Sus historias me llegaron envueltas como regalo de la voz de un amigo. Sentados a la orilla de una escarpa nos anochecía mientras me contaba la trama de Estudio en escarlata

Cansado del famoso pero absorbente personaje que había creado, Conan Doyle terminó con la vida de Sherlock Holmes en un episodio que vistió de luto a todos sus lectores. Sin embargo, el público jamás se resignó a perderle, y al cabo de unos años de insistente demanda, logró que su autor reviviera al protagonista de las hazañas detectivescas.

Intercaladas entre las aventuras de los relatos, mi amigo me platicaba de las averiguaciones que hacía acerca del dueño de los libros. Las anotaciones al margen del texto, las orillas de las páginas levemente dobladas, y las palabras subrayadas que encontraba en los ejemplares que leía lo convertían en el detective de su propio padre.

Intercambiaba con cada uno de los libros el tiempo que su padre les había invertido, de esa forma conseguía adueñarse de los instantes que a ellos dos les hizo falta compartir. Mientras más disfrutaba leyendo, más consciente se hacía de estar habitando el mismo espacio que su padre, era como reanudar conversaciones pendientes. El texto hacía posible coincidir otra vez: en la risa, en el miedo, en la sorpresa.

A la vuelta de cada página: un nuevo crimen, numerosas conjeturas, personajes siniestros; pero también otros hallazgos: una libélula disecada, una fotografía desenfocada, un recorte de periódico, objetos dejados como separadores. Pistas que resolvían los misterios del libro pero aumentaban los de la vida del padre.

Supongo que así construía nuevos recuerdos, así llenaba la ausencia que le había dejado la temprana partida, con los libros se acompañaba de los gustos y de las reflexiones de su padre, lograba que su imagen, cada vez más lejana, fuera creciendo, se hiciera cada vez más nítida, y nunca le abandonara.

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