23 de Mayo de 2018

Opinión

Devoción y cuidado

Las muestras de fe, sobre todo el 12 de diciembre, han estado marcadas por accidentes; sería bueno que autoridades -civiles y religiosas- y feligreses hagan algo por cuidar más a los peregrinos.

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Terminaron las festividades marianas, o sea, en honor a la Santísima Virgen María, considerada en la religión católica como la “madre de todos los mexicanos”.

Como cada año, el recinto magistral fue la iglesia de San Cristóbal, en el barrio del mismo nombre. Miles de peregrinos y antorchistas arribaron al recinto en medio de grandes muestras de alegría y devoción, sobre todo, fe.

Son válidas las muestras de fe. Las extenuantes carreras humanas, ya sea a pie, o en bicicletas, dejan constancia de que todavía hay mucha creencia a favor de la Madre de Cristo, pero, así como hay devoción, también existe mucho peligro.

Hace una semana, en Campeche, un grupo de 23 peregrinos yucatecos, nativos del municipio oriental de Espita, que retornaban a su tierra, pues simplemente se encontraron con un tremendo percance. Los 23 resultaron lesionados, algunos más, algunos menos, cuando la “góndola” o la caja trasera de la camioneta en donde viajaban volcó cuando un camión de transporte urbano los colisionó. En ese accidente, de verdad milagroso –nadie murió–, hubo un total de 37 heridos, sumándole 14 pasajeros que iban en la unidad de usuarios y que no eran peregrinos.

Y apenas el 11 de diciembre, un día antes del “cumpleaños” de la Virgen María, se registraron por lo menos dos o tres accidentes carreteros en diversas zonas del estado con saldo, también, de algunos heridos, quizá no graves, pero lesionados al final y al cabo.

Ah, y sin faltar, que un peregrino, un señor de 69 años de edad, falleció en plena iglesia de San Cristóbal, víctima de un infarto, después de que la hizo de peregrino. No se sabe si la ardua caminata o la carrera le provocaron la falla en la “coraza”, pero todo es probable. Los devotos dirán: “Pues, ya le tocaba”; otros, “murió en el manto de la Virgen”.

Primera caída.- Las muestras de fe, como parte también de nuestra tradición religiosa, de pueblo que siente y practica el catolicismo, no acabarán y es correcto, nadie quiere la extinción, pero no estaría nada mal que las muestras de fe sean controladas, de entrada, por sacerdotes y, segundo, por autoridades policiacas.

Segunda caída.- Una propuesta sería que los antorchistas efectuaran sus actividades exclusivamente de día. Algunos dirán que el calor es muy sofocante y que de noche es más agradable. No se trata de comodidades, el objetivo es buscar la protección de los peregrinos. De noche siempre será más complicado auxiliar y tampoco hay personal de seguridad suficiente para acompañar a los antorchistas en sus tradicionales muestras de fe.

Tercera caída.- Es cuando los jerarcas eclesiásticos tienen el deber de intervenir para coordinar a los feligreses y que sus rutas se traduzcan en caminos de creencias y devoción, no en tramos mortales. Tampoco la Virgencita y Dios quieren que sus amados hijos perezcan en el intento. Sólo se trata de un poco de organización y los peregrinos acabarán sus rutas en la tierra, no en el cielo.M

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