15 de Noviembre de 2018

Opinión

Diálogo, palabra degradada

Para que el hombre llegara a articular palabras tuvieron que pasar millones de años.

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Diálogo, desde su origen etimológico (del griego dia: a través y logos: palabra) tiene una característica que lo hace una actividad exclusivamente humana. El hombre es el único ser sobre la tierra capaz de establecer diálogo. Seguramente habrá quien me diga que entre los animales hay comunicación y tendría razón, pero sus códigos son distintos.

Para que el hombre llegara a articular palabras tuvieron que pasar millones de años y realizarse transformaciones fisiológicas en su organismo: en las cuerdas vocales y en el cerebro, pero también en su postura porque sólo al erguirse pudo generar las condiciones para que salieran esos sonidos articulados que hoy llamamos palabras y son la materia prima del diálogo y el cimiento de humanidad.

Una definición de diálogo: Conversación de dos o más personas que exponen sus ideas alternadamente, puede hacer claridad sobre este concepto. En esta definición hay tres elementos determinantes: personas, ideas y alternadamente. Es decir que mientras una persona expone la otra o las otras escuchan. Y no necesariamente el diálogo tiene que ser terso y sin subibajas, pero sí tiene que ser alternado. No excluye la pasión para defender las ideas, pero tampoco el respeto a las ideas de los demás.

En los parlamentos respetables –que son el escenario paradigmático del diálogo porque reúnen a personas de distintas ideologías- hay diálogos encendidos, apasionados y  hasta bruscos, pero al final  hay a veces consenso (la mayor parte de las ocasiones lo que hay es acuerdo, respetado por todos, les guste o no). Cuando no se logra alguno de estos: consenso o acuerdo, no se puede decir que la democracia es eficaz.

Dicho esto, me pregunto y traslado aquí la pregunta: ¿Se puede dialogar con “maestros” que gritan por las calles: “Si no hay solución habrá revolución” (solución es que se haga lo que quieren y punto). Lo que realizan se asemeja a lo que los españoles llaman  “un diálogo de besugos” y que nosotros diríamos “un diálogo de chacchíes”.

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