Dígale NO a la música para marihuanos

Los queretanos pueden estar tranquilos al igual que los jugadores que estaban ya en calidad de autodefensas.

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Mientras ciertos gobernadores se alejan del pueblo alojándose en su mundo de caramelo, otros están dispuestos a todo con tal de estar del lado de las causas justas.

Ahí tenemos a personajes de poca raigambre popular como el nada grato de Graco Ramírez, que afirma que en la tierra que tan atinadamente gobierna no hay inseguridad ni nada de eso, que todo es un compló en su contra; lo mismo que el señor Duarte de Veracruz, que ha afirmado sin temor a equivocarse que ahí donde hacen su nido las olas del mar no hay secuestros, que lo que pasa es que a la gente le gusta jugar a las escondidillas.

Eso sin contar al ex mero, mero de Durango, Ismael Hernández, cuyos pachangones de cumpleaños harían llorar de la envidia a Madonna, Rhianna y Miley Cyrus con todo y bola de acero, pero sobre todo otro ex góber, el de Aguascalientes, en cuyos reventones el júnior aventaba Minis a la alberca.

Puro demócrata con capacidades distintas.

Sin embargo, hay otros gobernantes, como el de Querétaro, que son capaces de hasta salir a botear con tal de que a su equipo representativo, los Gallos Blancos, no se lo lleve el tren de la muerte de Oceanografía. Lo que es ser un estadista.

Los queretanos pueden estar tranquilos al igual que los jugadores que estaban ya en calidad de autodefensas. Seguramente la Femexfut encontrará pronto inversionistas probos como Carlitos Ahumada o Gastón Azcárraga. 

Pero si hay gobernantes ejemplares de entre ellos cabe destacar a don Eruviel Ávila. Un mexiquense que se ha enfrentado exitosamente a tribus salvajes de heavymetaleros para impedir que un festival de gritos y tamborazos como el Hell & Heaven se llevara a cabo en la noble geografía texcocana. ¿Cómo era posible que esa música para marihuanos mancillara aquellos lares donde reina el reguetón, el mariachi loco y los narcocorridos?

Todo esto me hace evocar con cariño a la portada del Alarma! donde se veía a la encuerada de Avándaro en medio de una orgía jipiteca, con titulares del tipo: ¡Avándaro, el infierno! ¡Vicio y degenere!

Con estos próceres velando por nuestra tranquilidad, lo único que me asusta es dormir boca abajo por lo de la muerte de cuna. Más que la música para mariguanos y la Línea 12 del Metro. 

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