Diseñados para fallar

El poner componentes menos duraderos hacen que los productos se abaraten y elevan el nivel de vida de más gentes.

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La obsolescencia programada de productos electrónicos, partes de autos y enseres domésticos ya llegó al límite de lo absurdo para quien vivió el cambio en la olvidada era de la calidad el siglo pasado. El tema surgió de un bombillo que tiene más de 100 años encendido en la estación de bomberos en Livermore, Estados Unidos.

Se investigó por qué ocurre aquello y se descubrió el caso más grande de manipulación de precios en el mundo, es decir, los primeros fabricantes empezaron a competir por la calidad y más horas de duración hasta que las fábricas de todo el mundo se pusieron de acuerdo para hacer las lámparas de menor calidad y así obligar a comprar focos más veces. Las pruebas se documentaron muy tarde y nunca fueron castigados por dos razones: no había ley para sancionar esas conductas y no tenía el gobierno instancias para perseguir esos delitos.

Hoy las baterías de los autos duran dos a tres años y antes duraban 20, las impresoras, copiadoras y otros aparatos domésticos empiezan a sacar errores pronto, aunque no faltan los softwares  chinos que puedes descargar para alargar la vida de tus aparatos. Secadoras de pelo y otros artefactos con resistencias que se calientan y así otros muchísimos que duran poco.

¿Conspiración mundial? Muchos países, sobre todos los europeos, han tenido juntas a puerta cerrada con grandes fabricantes de electrónicos y electrodomésticos para fincarles multas y responsabilidades y los empresarios han sacado argumentos si no moralmente validados sí lo suficientemente convincentes para detener multas y sanciones y son éstos:

1. Postulan que al poner componentes menos duraderos hacen que los productos se abaraten y elevan el nivel de vida de más gentes.

2. Al tener más ventas generan más empleo y más impuestos al gobierno.

3. Los productos de calidad requieren de una pureza en el material de sus componentes que necesitan más procesos industriales que contaminan el ambiente; es decir, es más ecológico producir sin calidad.

La realidad es que estos argumentos son difíciles de comprobar y hacer productos de mala calidad no rompe ninguna ley; el problema es que cada día más industrias prefieren hacerlo porque la gente compra por precio y no por calidad; sin embargo, hay abusos. Por otro lado, las cosas con calidad tienen su mercado, pero a precios más altos.

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