20 de Septiembre de 2018

Opinión

Doctrina Estrada contra la imprudencia

Plantea que los países no deben otorgar reconocimientos al gobierno en turno del país receptor, ya que esto hiere la soberanía de las naciones.

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El diplomático es una persona que primero piensa dos veces y finalmente no dice nada.- Sir Winston Churchill

La Doctrina Estrada surge en un famoso discurso del  ministro de Relaciones Exteriores de México Genaro Estrada, el 27 de septiembre de 1930, plantea que los países no deben otorgar reconocimientos al gobierno en turno del país receptor, ya que esto hiere la soberanía de las naciones, coloca a éstas en el caso de que sus asuntos interiores puedan ser calificados por otros gobiernos, quienes de hecho asumen una actitud de crítica al decidir, favorable o desfavorablemente, sobre la capacidad legal de regímenes extranjeros; en consecuencia de esto los países deben limitarse a mantener o retirar, cuando lo crean procedente, a sus agentes diplomáticos, sin calificar el derecho de las naciones extranjeras para aceptar, mantener o sustituir a sus gobiernos o autoridades.

Traigo a colación esta doctrina de política exterior convertida en principio constitucional de no intervención, porque escuché decir a dirigentes opositores al régimen venezolano, en su fiesta triunfalista electoral, que si el presidente Enrique Peña Nieto no se pronunciaba contra el régimen de Nicolás Maduro, estaba siendo su cómplice. Podemos discutir si en los momentos actuales la Doctrina Estrada sigue vigente en su definición o ya ha sido superada por el tiempo y las circunstancias mundiales.

No olvidemos que los principios de política exterior son un instrumento de apoyo para la defensa de los intereses de México en el ámbito internacional y no tienen un fin en sí mismos. No hay que sacralizarlos y convertirlos en inmutables. Pero tenemos que reconocer que se trata de un principio constitucional que el Poder Ejecutivo federal tiene la obligación de respetar y cumplir, por lo que en este asunto el presidente Peña ha sido congruente en su política exterior. No ha caído en el juego perverso de la oposición venezolana que al calor de su victoria ha generado planteamientos fascistoides.

Algunos de los planteamientos que los opositores sostienen son que por encima del principio de  no intervención están la democracia y los  derechos humanos. Nosotros sostenemos que no se contraponen sino se complementan. Que la no intervención haya servido para justificar la arbitrariedad de regímenes totalitarios es diferente a lo que se busca proteger cuando se defiende la autodeterminación de los pueblos y el principio de no intervención. Podemos criticar al Gobierno Federal mexicano por otros temas, pero, en este caso, nuestro país ha vuelto a apostar por la diplomacia, no por la imprudencia.

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