22 de Septiembre de 2018

Opinión

Donde todo pasó

Las ruedas de la pobreza y la ignorancia siguen girando en algunos pueblos de Yucatán y parece que los políticos no todos lo notan.

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Mis procesos teatrales  me regalan acercarme a las mujeres yucatecas, compartir con ellas, escuchar sus historias y maravillarme con su generosidad. En un mes estreno “Del manantial del corazón”, obra donde la mujer mestiza y la maternidad son las protagonistas.

Por ello viajé a Maní a concluir mi trabajo de campo. Ahí me topé con una niña de dos años, sentada en la escarpa, rodeada de perros y gatos, con la cara llena de polvo -Maní está en proceso de pavimentación- “porque lo compró el de Banamex”, dicen los pobladores.

Estiró la manita y nos sonrió. Fue inevitable acercarnos a ella, su abuela salió con la mano llena de ciruelas y me las regaló. La niña vigilaba la improvisada venta de mangos de su abuela.

Apenas le daba las gracias a la señora y se metió corriendo porque su otro nieto -de un año- lloraba. Me sorprendió que me dejara a la pequeña con tanta confianza. Regresó con su nieto cargado en hetzmek.

Nos contó que es hijo de su hija más pequeña: “Se embarazó a los 14 años, no quiso decir quién es el papá. Dejó de estudiar. Nos dijo que no quería al nené, que lo iba a regalar cuando naciera. Le dijimos que estaba loca, que nosotros íbamos a ver cómo mantenerlo. Un año ya tiene mi nieto, gracias a Dios no lo regaló, nos lo dejó. Ella tiene 16 ahorita, no estudia ni trabaja. Como que perdió las ganas desde que se volvió mamá”. 

Compramos los mangos de la venta, tomamos algunas fotos de los niños y regresamos a Mérida con el corazón aplastado. Las ruedas de la pobreza y la ignorancia siguen girando en algunos pueblos de Yucatán y parece que no todos lo notan.

Propongo a los candidatos que diseñen programas de fortalecimiento de la autoestima para las adolescentes que son madres solteras, que establezcan apoyos para continuar sus  estudios, talleres de autoconocimiento, de amor a sus hijos y cómo relacionarse con ellos.

Quizá estos programas existen y la ignorante soy yo, pero después de esta experiencia puedo afirmar que o no funcionan o no todos se enteran. La riqueza del interior del Estado, la generosa forma de ser de nuestras mestizas tendrían que ser un ejemplo de superación, y no una estadística más de pobreza.

Creo que algunos candidatos podrían aprender mucho de ellas y quizá, si estuvieran ahí, si ellas les extendieran los frutos nuevos de sus árboles, algunos políticos entenderían que eso es algo que ellos tienen que hacer por Yucatán: sembrar con raíces y frutos, nuestro pueblo tiene con qué… ¿Y ustedes, señores políticos?

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