19 de Julio de 2018

Opinión

Dos temas difíciles

No se puede negar que cada reforma lleva consigo ánimos institucionales, visiones ideológicas, pero también ánimos justicieros.

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Qué difícil ha resultado opinar contra lo que tenga que ver con la reforma en telecomunicaciones aprobada por la  Cámara de Diputados hace unos días. Fue tal la uniformidad que siquiera manifestar una extrañeza lo convertía a uno en traidor al país, en un ser miserable que negaba la hecatombe de los tiempos, como lo consideró la diputada Carpinteyro, quien comparó la aprobación de la reforma con la caída del muro de Berlín. Son excesos retóricos que dejan ver el ánimo absolutista que priva en el grupo que proyectó tal reforma.

¿De veras no hay nada en lo que pueda ser mejor la reforma? Ojalá los senadores nos den un debate de altura para que entendamos todos de qué se trata realmente la reforma en cada uno de sus puntos y los verdaderos alcances que tiene. Ojalá para ese entonces los ánimos se hayan calmado y la traición a la patria no consista en expresar una duda en torno al extravagante consenso.

Y es que la negociación política tiene sus costos. En este caso, por ejemplo, el apoyo unánime a la reforma volvió casi imposible el disenso -elemento imprescindible en un debate legislativo-. El costo de oponerse o criticar, no digamos votar en contra, era altísimo.

Cualquiera que lo hiciera sería apabullado no solo por la avalancha gubernamental, sino también por la opositora y ¡hasta la empresarial! Opinar en contra era ser gato de las televisoras, un vendido, un asalariado de los poderes fácticos incluso a los ojos de los mismos poderes.

No se puede negar que cada reforma lleva consigo ánimos institucionales, visiones ideológicas, pero también ánimos justicieros o revanchistas, beneficios directos o indirectos y del resultado de todo esto todavía no se nos dice nada. ¿Cómo se beneficia quién? ¿Por qué zutano sale perdiendo? ¿Cuántos pueden llegar en cuánto tiempo y realmente cuánto pueden invertir? ¿Por qué es mejor el nuevo instituto que el anterior? ¿Cuándo llegan los beneficios a los recibos de los usuarios o los únicos beneficiarios van a ser los pertenecientes a las nuevas burocracias? En fin, que todavía hay mucho qué explicar de esa negociación política calificada por todos como exitosísima.

Caso contrario es lo que acabamos de ver en el estado de Guerrero en la negociación con los maestros. En este país sucede que los responsables de impartir la educación son los que dan muestra de enorme barbarie y los que son responsables de gobernar y hacer guardar el orden están llenos de pavor y carecen de autoridad alguna.

Lo realizado el viernes de la semana pasada por los maestros guerrerenses al obstruir la carretera a Acapulco por más de nueve horas es inadmisible y peor aún que el propio gobernador haya cedido en sus demandas. Ahí no hay negociación de ningún tipo y salen perdiendo todos los demás. Y es que se ve que el gobernador no tiene qué rendir cuentas del uso del dinero público ante nadie. De ahí el problema de la falta de oposición y de rendición de cuentas, por lo pronto los guerrerenses ya saben el caminito para doblar al gobernador.

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