20 de Octubre de 2018

Opinión

Ebrard, a la carga

Es evidente que Marcelo quiere ser candidato presidencial en 2018 y como Roberto Madrazo, quiere utilizar su condición de dirigente para construir su candidatura.

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Marcelo Ebrard urge al PRD a adelantar el relevo de dirigencia. Argumenta que es para detener a López Obrador, bajo el supuesto de que él será el nuevo líder. También dice que su relación con su antecesor y promotor es buena, además, igual que él, rechaza el Pacto por México.

Los argumentos son contradictorios; el PRD, desde 1996, no había tenido una influencia determinante en la negociación política; el Pacto fue iniciativa del PRD con una dirigencia que se ha sabido desmarcar virtuosamente y sin agravio de López Obrador.

Es evidente que Marcelo quiere ser candidato presidencial en 2018 y como Roberto Madrazo, quiere utilizar su condición de dirigente para construir su candidatura.

La ambición es un activo en la política, más si se acompaña de inteligencia, como es el caso de Ebrard. Pero no puede quedarse todo en eso. Hay que aprender a servir a proyectos colectivos, no solo a servirse de éstos.

Para el caso concreto, no debe frenarse el proceso en curso en el PRD simplemente porque se necesita una posición para el proyecto personal, legítimo, pero personal. Por otra parte, Miguel Ángel Mancera requiere apoyo, no de competencia ni de un regateo político a su autoridad. Si el PRD se distrae y Mancera se debilita, seguramente Morena ganará espacio en las elecciones de 2015 y pondrá en jaque al perredismo.

El problema de Ebrard para llegar a la dirección del PRD no es su pasado multipartidista (PRI, PVEM, PCD y PRD), ni su estrecha relación con la profesora Gordillo o sus vínculos con Carlos Salinas, sino que no entiende que la necesidad de origen del PRD es su institucionalización, proceso que llevan muy bien Jesús Zambrano y los coordinadores parlamentarios en las cámaras, Miguel Barbosa y Silvano Aureoles.

Volver al PRD instrumento para la anticipada candidatura presidencial de Marcelo Ebrard significa minar al partido, frenar el avance del programa de la izquierda en la negociación política con el poder, debilitar a Mancera y a su gobierno y, muy probablemente, volver inevitable la candidatura presidencial de López Obrador en 2018. 

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